En este blog suelo referirme a las actitudes políticas de los músicos y artistas de pop-rock. De entre todos ellos Bruce Springsteen el que quizás visita Mis 31 canciones con más frecuencia: su calidad, su popularidad y el activismo político tanto de sus canciones y de sus actitudes personales, lo convierten en uno de los mejores y más prominentes referentes para los estudiosos de la relación entre música y política.

De hecho, la Revista de la Asociación Española de Comunicación política, El Molinillo, publicó en octubre de 2016 un artículo mío en el que trataba de explicar por qué muchos de los fans de Springsteen iban a votar por Donald Trump, el actual presidente. Como todo el mundo sabe, se trata de un presidente criticado por sus posiciones políticas extremistas, su misoginia y su comunicación política agresiva con los medios y trufada de mensajes a menudo incendiarios. Y me satisface comprobar cómo el mismo Springsteen se ha referido después a estos análisis que apuntaban a que su música hablaba de aquellos castigados por la globalización y la consecuente pérdida de empleos en EEUU, y ese un relato compartido con la campaña electoral de Trump, aunque este lo utilice de una manera demagógica. (Segundo 41 y siguientes del siguiente video):

 

El contenido político de Bruce ha ido incrementado desde el inicio de su carrera, el apoyo a Obama, hasta lo hoy ha dado en llamar “la nueva resistencia”. Este término, surgido en enero pasado, coincidiendo con las protestas de las mujeres contra Trump explica la oposición “contra el odio y la división y en favor de la tolerancia, la inclusión, los derechos reproductivos, los derechos civiles, la justicia racial, los derechos LGTB, el medio ambiente, la igualdad salarial, la igualdad de sexos, la salud y los derechos de los inmigrantes. Estamos con vosotros. Somos la nueva resistencia estadounidense”, ha afirmado. En su autobiografía Born to run de 2016 afirma que su disco de 2012 Wrecking ball era “un ataque cabreado contra la injusticia que persiste y que ha aumentado con la desregulación, con organismos supervisores disfuncionales y el capitalismo salvaje a costa de los esforzados trabajadores estadunidenses”, en el contexto de lo que él denomina “el trauma de los EEUU post industrial” (traducción mía del original, página 468).

Todo lo anterior encajaría perfectamente, salvo por un detalle: la canción de Bruce de la estos días todo el mundo está hablando y los medios le atribuyen con grandes titulares e imágenes, no es de Bruce. Es de su amigo Joe Grushecky, un músico al que todos los aficionados al Boss conocemos perfectamente. Han colaborado sobre un escenario infinidad de veces y han escrito y grabado muchas canciones juntos desde 1995. Buenas muestras de ello son los álbumes A good life o American Babylon. En general, el estilo de Grusheky es más poderoso y contundente que el de Bruce, y sus letras podrían ser menos líricas y metafóricas, pero con un fuerte sentido de lo colectivo y la solidaridad. Y por esa vía también entronca con otros artistas de la escena de la Jersey Shore como Southside Johnny (otro amigo de toda la vida), Willie Nile, Gary US Bonds o John Eddie. Así que esta colaboración no puede sorprender a nadie. De hecho, estoy convencido de que Bruce, ahora que no está de gira y dispone de más tiempo, ha querido compartir su fama con su amigo para que su trabajo reciba más y mejor atención. Joe ha reconocido que ha con dos hijos discapacitados le costaba llegar a final de mes. Bruce es así de generoso, incluso para permitir que su nombre aparezca junto con el de Joe y su banda. Desde luego un buen gancho para una buena causa reivindicativa. Aquí se les puede ver juntos interpretando el mayor éxito de Joe, coescrito con Bruce:

Y así lo ha explicado originalmente a un diario de su Pittsburg natal el propio Grushecky: tan sencillo como que le enseñó la canción y le pidió participar en ella.

album-cover

Además, el Grushecky ha señalado que lo que más le molestó de la llegada a la presidencia de EEUU es su mofa de las personas con necesidades especiales, entiéndase, los niños discapacitados. Joe Grushecky sigue siendo maestro de educación especial en un colegio desde hace muchos años. En este sentido, en este vídeo da más información.

Como en el caso del propio Joe, tengo la desdicha de conocer de primera mano esto último a lo que se refiere, por lo que, como Bruce, me uno humildemente a su mensaje. That’s what makes us great es una canción que recurre, como tantas entre las políticas, a la metáfora y a la referencia indirecta. Especialmente cuando afirma

Some wanna slam the door (algunos quieren pegar un portazo)

Instead of opening the gate (en lugar de abrir la verja)

Aw, let’s turn this thing around (hay que corregir esto)

Before it gets too late (antes de que sea demasiado tarde)

It’s up to me and you (depende de ti y de mí)

Love can conquer hate (el amor puede conquistar al odio)

I know this to be true (sé que esto es verdad)

That’s what makes us great (y esto es lo que nos hace grandes)

Destacan especialmente los versos que canta Springsteen. Se observa que Grushecky recurre a las propias imágenes que Trump ha venido usando (el muro, el odio, el volver a hacer a EEUU grandes otra vez, y luego la llamada postverdad):

Don’t tell me a lie (no me mientas)

And sell it as a fact (y me lo vendas como una verdad)

I’ve been down that road before (ya me lo conozco)

And I ain’t goin’ back (y no me lo trago).

And don’t you brag to me (no te chulees)

That you never read a book (por el hecho de no haber leído nunca un libro)

I never put my faith (nunca me fiaría)

In a con man and his crooks (de un estafador y sus secuaces)

La canción de momento está disponible como adelanto del próximo disco de Grushecky y los Houserockers en su web: https://www.joegrushecky.com/store/catalogue/details/product_id:1095

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