Os dejo el comienzo de mi última colaboración en la revista de la Asociación Española de Comunicación Política (ACOP), dedicado a los playlists de campaña.

Los seguidores de este blog ya habéis pedido antes acerca del fenómeno de las listas de canciones, de las campañas electorales y de la comunicación política. En este nuevo texto, emanado de la irrupción del “iPod del candidato” y del uso de la comunicación musical del gobierno Obama, analiza los pros y contras de esta herramienta:

La elaboración de listas de las canciones pop-rock que escuchan los candidatos es una herramienta de comunicación política importada que florece en Europa. Su finalidad es movilizar el voto apelando a sentimientos e identidades muy difundidos en el público. El candidato y sus asesores lo saben y aprovechan las emociones ligadas a la música:

– el indie para el toque cool.
– el cancionero tradicional local para las “raíces”.
– los clásicos previsibles para el modo catch-all.
– lo “modernillo” para no perder el pulso del tiempo.
– la música “marchosa” para mayor desen- fado…

pero se arriesgan a coincidir en lo obvio con los adversarios, de manera que solo genere insustancialidad y persuada de lo obvio“.

 

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