El número 9 de la revista EL Molinillo de la Asociación de Comunicación Política (ACOP) publica este artículo mío, del que subo los primeros párrafos:

 

2016 es un año marcado por la campaña electoral en Estados Unidos, como sucede mecánicamente cada cuatro años. Lo que convierte cada campaña en especial y distinta es la personalidad de los candidatos. En 2008 fue el arrollador liderazgo de Barack Obama. Y en ésta, el arrollador (a secas) Donald Trump.

Mucho se está escribiendo del candidato no-republicano del partido republicano. Sus diatribas y sus valores xenófobos y racistas son bien conocidos. Pero lo que no teníamos hasta ahora tan presente es su relación con el establishment del rock, tan potente en aquel país. No cabe duda de que la movilización contra Trump solo se parece a la que se organizó contra George Bush desde 2002 (Rock the Vote). La forma más sencilla de resumir esa relación es subrayando el rechazo. Por el lado Demócrata, Hilary Clinton es una “candidata pop” lo que la convierte intencionadamente en más insustancial.

Según el analista Andy Robinson, muchos fans de Bruce Springsteen votarán a Trump: blancos, trabajadores de fábricas y veteranos de guerra2. Por su parte, para el lingüista George Lakoff, este fenómeno se debería a que Trump exterioriza los típicos valores conservadores de “padre estricto” y de la familia tradicional. Son votantes que elaboran su criterio político sobre “causalidades directas”. Es decir, recurriendo a razonamientos simples para explicar la realidad social, política y económica, obviando interpretaciones más elaboradas y “sistémicas”, siempre siguiendo a Lakoff.

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larevistadeacop-2016-octubre

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