Anoche vi el documental de Ron Howard sobre los Beatles “Eight days a week, the touring years. Uno podría pensar que se trata de una nueva operación comercial (una más) para mantener vivo el ritmo de ventas de los derechos del legendario grupo de Liverpool. Sin embargo, y aunque a menudo haya que pensar mal para acertar, el resultado del director de Splash, Apollo 13 o Una mente maravillosa, es más que interesante.

 

¿Qué puede aportar otro documental sobre los Beatles? Vayamos por partes. Su mensaje consiste en que la presión de las giras llegó a ser tan enorme que se convirtieron en indeseables. El griterío ensordecedor de escenarios cada vez mayores, les convirtió en cuatro músicos ricos pero infelices. En apenas cuatro años pasaron de tocar en the Cavern al estadio de los Shea ante 56 mil almas (principalmente chicas) en 1965. Aquella fue la primera vez en la historia del rock que un grupo tocaba en un estado deportivo. Claramente fue de manera prematura para la evolución de la tecnología. Vox tuvo que fabricar amplificadores especiales para la ocasión de 100 W (hoy cualquier coche o casa puede tener esa potencia), por supuesto sin monitores de oídos (in-ear monitors), ni altavoces en cuña, sin pedales para las guitarras, emitiendo por la megafonía, en definitiva nada parecido con la realidad actual. Por eso, no deja de sorprender que en aquellos conciertos la banda sonara muy bien y perfectamente afinada, teniendo en cuenta que apenas se podían escuchar (de hecho Ringo así lo asegura en el documental). Es decir, los primeros Beatles eran unos grandes músicos y unos enormes profesionales, sin que dejaran de cachondearse, sobre todo John.

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Y, efectivamente, la burbuja se pinchó. No lo hizo precisamente como les sugerían en su primer viaje a Estados Unidos, como consecuencia del cansancio del público y con el riesgo de convertirse en un grupo efímero. No. Simplemente en 1965 dejaron de girar. Este hecho facilitó el estallido de su creatividad, de la aparición de un nuevo instrumento: el estudio de grabación. Y eso en realidad es lo que cambió todo, dando paso al resto de la historia del pop-rock. Después vendría la “época dorada” de los 70. Llenar estadios, hacer películas, ser perseguidos por la fama (sin tomar drogas, por cierto) era una enrome diversión, pero les empobrecía musicalmente.

Si bien escribir canciones en la habitación doble les forjó como (insuperables) compositores, abandonar la carretera les dio la posibilidad de explorar nuevos caminos. Se acabaron las chiquilladas y las canciones para impresionar a las chicas: había que llegar a sitios a los que nunca nadie te ha llevado, como afirma Elvis Costello en el film. Ahora se comprende mejor la influencia en los jóvenes de los 60 y la célebre comparación con la religión y Jesucristo que le costó a Lennon una tibia no-disculpa, que a mi juicio no tenía que haber hecho.

Justamente esa influencia es la calve de lo que esta película nos aporta. Influencia cultural y trasngeneracional que va a tardar en pasar porque ahora los abuelos son los que crecieron con esa música y se socializaron ya en aquella contestación social y cultural. En 1964 sabían que estaban ya ante un fenómeno que estaba cambiando la sociedad, equiparable a la lucha por los derechos civiles. Y es que en el documental queda claro que los años 60 fueros años de trasformación, particularmente en Estados Unidos. Y aquella música y aquella actitud, que McCartney era solo una “laugh” (una broma, un cachondeo), era capaz de romper las barreras infames de la segregación racial, como en el improbable concierto de Jacksonville en 1964.

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La historia de los Beatles es de sobra conocida. Forma parte de nuestro acervo cultural. Sus canciones, al igual que el puerto marítimo mercantil de Liverpool, deberían ser “patrimonio inmaterial” de la UNESCO. Por eso, como decía al principio, los que vamos a ver esta semana esa película no solo acudimos por la música, por el mito, sino por la importancia cultural del pop, por su leyenda. Una leyenda cuya huella que ya es indeleble y es un referente para los jóvenes de occidente.

 

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