Soy un asiduo desde los años 80 a los medios especializados en música. Ya sabemos que los de hoy no son como los de antes. Ni en difusión ni en calidad.  Ni en contenidos, que están todos en la blogosfera. Cada aficionado ahora podemos encontrar en internet toda esa información que antes teníamos que buscar en revistas y en fanzines. Como lo cantaba Queen:

I’d sit alone and watch your light (me sentaba solo y miraba tu lucecita (la de la radio))

My only friend through teenage nights (mi única amiga en aquellas noches adolescentes)

And everything I had to know (y todo lo que tenía que saber)

I heard it on my radio (lo escuchaba por la radio)

image1-copia
Parte de mi colección personal de revistas musicales

Pero hoy, si quiero estar al corriente de la carrera de un músico acudo a su web o a la Wikipedia. Si quiero conocer los créditos de su último disco y quiénes tocan en él, voy a allcredit.com. Si me interesa un concierto, voy a nvivo o a bandsintown.com. Si las letras se me resisten, las encuentro fácilmente ahora en google. Cuando quiero escuchar música que me gusta, en Spotify Premium la tengo (casi) toda. ¡Está todo ahí! Puedo investigar, puedo conocer, puedo explorar sin el riesgo de gastarme dinero en CDs y vinilos que no me gustaban, como pasaba antes. Hoy, solo en el coche, por seguridad, pongo la radio musical. Entonces, ¿qué es lo que busco en los medios especializados hoy?

untitled

Cruces de caminos. Y, como he dicho otras veces en este blog, me interesa más el significado que el significante. Esta postura me lleva a dar por sentado que todo lo anterior es pura y simplemente información deslavazada. Que sin un criterio, un hilo conductor, es ruido y, en consecuencia, empobrecimiento.

Me interesa aquello que no suele sonar y que sorprende a mis oídos. Eso es propio de las emisoras temáticas. En España solo hay una, que yo sepa: rock.fm. Pero en mi opinión  abusa de lo previsible, de reponer el catálogo. Entiendo, por otra parte, que el mundo de las radio fórmulas tiene su público y que al 99% de la gente lo que le interesa es rellenar el silencio con canciones que le evocan tiempos de juventud, quizás mejores.

Últimamente observo una tendencia del nuevo periodismo musical comercial (excluyo aquí a Radio 3): la afectación. Me refiero a cómo los locutores o los redactores tienden a utilizar un registro exagerado al hablar de la música. Da la impresión de que es preciso engolar la voz y ser seductor y alocado, dicharachero y coleguita. Supongo que ese tono viene dado por la necesidad de engatusar al público joven, pero no parecen darse cuenta de que los aficionados a la música de calidad  ya no tenemos 18 años. El entusiasmo supera a la reflexión madura, la hipérbole condiciona la comunicación. Supongo que la situación asfixiante de las redacciones de medios en crisis limita mucho la libertad de los buenos periodistas para orientarse hacia contendidos de más calidad, que suele necesitar libertad y espacio. En este punto los colaboradores no periodistas de nuevos medios digitales pueden aportar frescura y estos nuevos enfoques. Por eso soy optimista.

Me gustaría que se hablara más  de qué queda de todas esas músicas, de su repercusión social, política o económica. ¿Qué pasa con los “metadatos” de toda la música que suena en el mundo en este momento? Humildemente me dedico a pensarlo, investigarlo, y a escribirlo en este blog (con una media de 20 vistas a la semana no voy a ir muy lejos) y allí donde puedo colaborar. Me encantaría hacer un programa de radio en el que la música sería un ejemplo, no una excusa para contar una vez más las mismas anécdotas que ya todo aficionado medio ya conoce. Por ejemplo, que muchos músicos murieron a los 27. Pocos profesionales explican por qué ni lo conectan con la situación de los jóvenes en los 70 y 80. O es que a lo mejor fue solo una casualidad. Triste producto cultural tenemos si nuestra música solo depende de las fuerzas telúricas de la improvisación.

Para mí lo que da sentido al periodismo musical es una buena historia, no contar si el artista ha cometido tales desmadres. Este sería un buen ejemplo, porque haberlos haylos, sobre la última obra de Nick Cave. Y es que la época de la contracultura el pop-rock ya ha pasado, incluso para el público español.

When we grow tired of all this visual (cuando nos cansemos de todo lo visual)
You had your time – you had the power (se te habrá pasado el momento, tuviste poder)
You’ve yet to have your finest hour (tu mejor momento estará por llegar)
Radio – radio

Anuncios