No queda mucho para asistir a conciertos de pop-rock basados o aderezados con realidad aumentada. Parece que es una tendencia segura, que se aviva a la vista de la fiebre desatada por los “pokemon go”.

 

La tecnología ha acompañado a la puesta en escena desde los inicios. Desde los primeros instrumentos eléctricos y electrónicos (como por ejemplo, el theramin) hasta especialmente la luminotecnia. Los juegos de luces son los complementos más importantes: desde la más sencilla de una bombilla que sirve de metáfora a un cantautor (como en la foto a Lloyd Cole), hasta los pesados equipos de la gira Earth de Neil Young. Como vimos en el festival MadCool de junio de 2016, había 6 operarios encaramados en las alturas a otros tantos focos.

Lloyd Cole en el Teatro Lara de Madrid. Foto Israel Pastor
Lloyd Cole en el Teatro Lara de Madrid. Foto Israel Pastor

 

Sigue siendo cierto que la manera esencial en la que los aficionados disfrutamos de la música es un concierto. No es más frecuente que el streaming hoy en día, pero sí es la forma óptima de experimentar la música, de desencadenar la “experiencia colectiva del rock”. En una actuación hay riesgo, emoción comunicación, y todo ello de manera colectiva, que es la esencia, que entronca con la lógica de la acción colectiva como he desarrollado y detallado más aquí y aquí.

FullSizeRender luces
Foto Israel Pastor

La realidad aumentada es una técnica que sube varios peldaños a la vez. Sigue siendo luz, pero ya no nos permite distinguir entre la realidad y la ficción. A algún filósofo tampoco le sorprendería esto, pero desde el punto de vista de la cultura del espectáculo y del “homo videns” de Sartori, esta innovación tiene su importancia. ¿Qué pueden hacer los grupos y productores a partir de esto?:

Seguirán haciéndose conciertos sencillos o “minimalistas”, pero el concepto de espectáculo cambiará para convertirse en una interacción con realidades ficticias asociadas a la música. Por lo tanto el relato, los aspectos comunicacionales de un concierto de rock, cambiarán. Y generalmente aumentarán. De hecho ya se venía hablando de la posibilidad de revivir mediante esta técnica a artistas muertos para que vuelvan a actuar. Imaginaos el negocio, también. Y esto ya ha pasado:

En vez de perseguir pokemons por las calles, a riesgo de ser atropellados o sencillamente de hacer el ridículo, las actuaciones en directo podrán bien ser completadas con elementos de realidad aumentada, o ser enteramente un producto de la tecnología, pero en vez de en 2D en 3D, con posibilidad de interactuar. Imaginad bailar junto a Michael Jackson (si eres capaz), como en un juego de la Wii, o tocar la batería con tu grupo favorito. La interacción cambia la experiencia, que dejaría de ser pasiva para permitirte ser parte de ella. Un reto o un deseo. En todo caso, un futuro prometedor, la “vida en technicolor”. Y como las caras de los niños en el video de Coldplay, la sorpresa será parte del espectáculo.

 

 

Anuncios