La nota de utilización UN-17 del Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias (CNAF) establece que la banda de frecuencias 87,5 a 108 MHz se utilizará exclusivamente por las entidades habilitadas para la prestación de los servicios de radiodifusión sonora en ondas métricas con modulación de frecuencia, y siempre de acuerdo con el Plan Técnico Nacional de Radiodifusión Sonora en Ondas Métricas con Modulación de Frecuencia.

El espacio radioeléctrico es un curioso lugar. Así empieza a explicar el Ministerio de Industria la FM en su web oficial. A pesar de que no se ve, ni se siente, en las ondas ocurren cosas prodigiosas. Generación tras generación, la cultura musical se viene trasmitiendo gracias a una simbiosis perfecta entre música grabada y ondas que vuelan por el espacio radioeléctrico. Unos lo llamamos Historia del Rock. Otros, uso privativo del dominio público radioeléctrico.

Más de 100 años de historia en paralelo, entre Guillermo Marconi y Bill Haley, trufados de pequeños otras historias de triunfos y popularidad, pero sobre todo de millones de canciones que hemos escuchado mientras nos hacíamos adultos. La radio es información y es entretenimiento. La música es formación y diversión.

La radio es el lugar en el que hemos escuchado a nuestros héroes, de forma libre y gratuita (por lo tanto accesible, sin pagos ni suscripciones). A oscuras sobre la cama o bajo la luz del sol en un coche de segunda mano. En el transistor de tu abuela o en el walkman de Sony. Y sin embargo, por mucho que escucháramos, no era suficiente. Había que poseer la música. De alguna manera había que ganar unas monedas para comprar los discos y ponerlos a tu antojo, no al del locutor. Acumular vinilos entonces era el despertar de una novedad.

Luego supimos que las radio-fórmulas se dejaron comprar, lo que pudo suponer para muchos la banalización de sus gustos estéticos (y a menudo éticos). ¿Acaso el número 1, que tanto te gustaba, ya no era tan bueno porque hubieran sobornado al disc jockey Alan Freed con payola? Como en la canción de Jesse Malin, la radio estaba rota:

Raised on rivalry and rock ‘n roll

Moving to the motor city soul

She lets go on the radio

Precisamente la alusión al soul de Detroit en el estribillo de Malin refleja el papel que la música negra tuvo en la radio, frente al del pop blanco. Unos emitían por FM y otros por AM, en una segregación herciana que era prolongación de la que trató de romper Rosa Parks en aquel autobús. Los derechos civiles primero se defendieron en las ondas y con la música crossover (o etnogénesis en términos sociológicos), lo que nos permite afirmar que, una vez más en la historia, el rock salvó la vida de muchas personas y no solo en términos identitarios.

A menudo, la radio equivale a escuchar música en el coche, como ya escribí aquí. Y justo ahora se pone en boca de todos el programa de televisión Carpool karaoke, con James Corden, en el que un artista acompaña al presentador, que conduce un Range Rover por Los Ángeles, cantando desaforadamente sus propias canciones. Me he visto tan identificado. Por estilo y personajes, me quedo con este de Red Hot Chilli Peppers, en impaciente espera ya de su concierto en Madrid del 27 de septiembre.

Lo que más me fascina es lo sencillo que resulta conectar con alguien cuando escuchas música por la radio de un coche en movimiento. Solo hay que dejarse llevar, es como hablar por teléfono. Supongo que es la magia que tiene comunicarse con alguien que no está allí y a quien no puedes mirar a los ojos. Estás a merced de las ondas y… de sus moradores.

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