La editorial Libargo ha publicado una obra colectiva bajo el título de “Con la música a otra parte…”. Mi contribución consiste en el capítulo dedicado al estudio, desde una perspectiva politológica, de la música pop-rock comprometida política y socialmente. Este es un resumen del texto de más de 12 mil palabras:

La política –al menos como lo colectivo- es un elemento más de todas las expresiones artísticas. La música popular contemporánea (o “rock” o “pop-rock”) no es una excepción.

Lo político como el “poder” (sentido restringido) no es tan frecuente en el rock, pero existe. Ver una lista en Spotify. Siendo un tema tan importante como contexto político social, llama la atención la escasez de canciones que se refieren expresamente a lo político.

El texto aborda el problema de la acotación de conceptos: qué canciones (pop-rock anglosajón), qué “política” (solo las que hablen expresamente del sistema político, sus instituciones y procesos), en qué momento histórico (contemporaneidad, pero qué pasa en dictaduras y en democracias industrializadas). No confundir el rock “comprometido” (con causas sociales, por ejemplo) con el rock “político”, según nuestra definición.

Las “canciones políticas” (en sentido tanto amplio como restringido) están implicadas en la construcción de identidades colectivas. Actualmente, en la era de la comunicación de masas, quizás lo hacen con más intensidad, aumentando su peso relativo en el mix de expresiones culturales porque internet favorece lo audiovisual sobre lo textual.

Una canción por sí sola no puede cambiar el mundo, como una canción política no puede cambiar el sistema político. Su mayor capacidad consistiría en influir y movilizar la opinión pública.

Esa influencia la puede hacer mejor un movimiento musical (como el punk) o la organización de eventos musicales (como Live 8), pero los que ha habido no han querido hacerlo en términos “políticos” (sí contra causas sociales como la pobreza, el racismo, etc.)

Quizás solo Rock the vote tenía intenciones políticas (movilizar el voto joven en EEUU), pero no usaba canciones políticas, sino canciones y artistas con actitudes políticas.

Hay una fuerte corriente que rechaza expresamente el rock político. En coherencia con la desafección política, hay buenos ejemplos de músicos influyentes que niegan esa faceta.

Hipótesis aventurada: los líderes políticos socializados en contextos de predomino del rock (sociedades anglosajonas posteriores a II guerra mundial – 1960) son mejores líderes en términos de comunicación. Precisamente un campo para la música pop-rock es la comunicación política.

Por último, en el capítulo se ofrecen unos elementos y tipos de canciones políticas.

La obra se puede encontrar aquí:

Con la música a otra parte… Entre política y sociedad

(PD: Esperamos hacer pronto también la película).

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