Cuando esta mañana me he enterado de que David Bowie se había muerto literalmente a los pocos días de publicar su último disco, Black star, la verdad, me he llevado una sorpresa. Pero he querido ir dejando pasar el día sin tuitear o escribir algo apresurado para poder observar las reacciones en los medios y en las redes. Y tras este ínterin, saco la siguientes conclusiones, fiel a mi interés más por el significado que por el significante:

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  1. Ha tenido una gran repercusión. Es decir, de algún modo ya estamos ante el hecho de que cuando un gran icono pop, que ya ha sido admirado por los que ahora tenemos más de 40 años, es capaz de empatar en presencia mediática con el juicio de la infanta y Urdangarín (el Duque Blanco vs el duque “empalmado”) y con el lío catalán. Si este asunto de la música pop-rock siguiese siendo algo contracultural o, incluso subcultural, no asistiríamos a este fenómeno. Ni a pedir ya una calle en Madrid.
  2. En este sentido y como decía antes, predominan una vez más las reacciones apresuradas de plumillas y bloggeros. Esto, en mi opinión, da más peso a los rasgos más estereotipados del artista Bowie. Una excepción, al del maestro de Manrique, que ha subrayado su eclecticismo.
  3. En consecuencia, en las radios pinchan sobre todo lo más pop de su repertorio ochentero, Let’s dance, o Heroes o China girl, desperdiciando una oportunidad de divulgar una figura heterogénea y creativa. Por ejmpleo, pasando por alto de su obra más destacada, a mi juicio: Ziggy Stardust. Me recuerda a cuando alguien afirmaba que le gusta mucho Bruce Springsteen porque le encanta su canción Sad Eyes, o cuando recientemente falleció Lemmy de Motorhead y solo acertaban a recordar Ace of Spades, como el canario de Uncle devil Show (minuto 1): “enseñó a su canario a cantar Ace of Spades y a limpiar su jaula”:
  4. Una vez más reivindicamos los cadáveres. En 43 años (el viernes 15 de enero) nade de fuera del mundillo de la música jamás me habló de Bowie. Miento, excepto por “el cantante que tiene los ojos de colores distintos”. Por lo tanto, este festín Bowie muerto viene a reforzar la teoría de la conveniencia: todo el mundo habla de ello, luego será por algo. O “es momento de desempolvar esa afición secreta que tenía yo”. Ojo, esto no es privativo de la música pop-rock. Au contraire!
  5. Destacan, como ya viene siendo habitual, las reacciones en redes sociales, por originales, guasonas y que se ríen de sí mismas (qué sano es). Como la de El Mundo Today.
  6. En otro tono, quiero confesar que las reacciones que más me llegan son las de otros músicos, sobre todo de los más jóvenes, a los que admiro: como la de Dawes o de mi tocayo Israel Nash. Quizás es ahí, además de en las sensaciones de los fans, y seguro que mucho más que la de los medios, se ve la influencia real de un artista.
  7. Quizás, haciendo algo de balance, estemos ante uno de los artistas totales: saxofonista, camaleónico, transgresor, que ha recorrido múltiples estilos (desde el folk hasta el jazz pasando el heavy de Tin Machine ) y creado y definido varios (el glam por ejemplo). Un hombre (o no, porque a andrógino también jugó) del renacimiento. Y por eso, combinado con sus excesos y su grandeza musical, llama más la atención el hecho de que su interés hoy (y la que haya en el futuro) forme parte de nuestra cultura. Ya tuve ocasión de escribir aquí sobre ello.
  8. Que su último disco, publicado hace 3 días, se ha gestado y publicado con el mismo secretismo que su batalla contra el cáncer. Es el legado de un moribundo. Esto me permite pensar que hizo lo que le dio la gana. Acercándose a cada momento a la muerte (en esto no se diferencia de los demás), pero expirando, expirando libertad creativa. Como en su último vídeo, “Lazarus”, realmente tétrico:

9.   Todo esto me hace pensar, qué pasará, qué diremos cuando se mueran iconos del pop-rock aún más presentes en nuestras vidas como Dylan, Young, McCartney, Jagger, Richards, Springsteen o Clapton, entre otros muchos, que ya frisan los 70.

No sé, por me entran ganas de comenzar a escribir ya, para ser de los primeros en reacción. Porque, ya se sabe, en este mundillo “líquido”, posmoderno, el primero que golpea lo hace dos veces.

  1. Que este post no tiene nada que envidiar, a la postre, a las reacciones apresuradas de la conclusión 2.

Así pues, me despido con este video de una de sus canciones más famosas, pero subrayando que el solo magistral es de otro exánime, Stevie Ray Vaughn. Descansen paz.

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