Querido futuro,

Vuelvo a pensar en ti y en si habremos logrado que muchos de los rasgos que nos definen hoy persistan en tu época. No necesariamente porque tú, acumulación de tiempo, nos hagas virtuosos, sino porque aún albergo la esperanza de que el tiempo nos enseñe.

Ya te confesé en mi primera carta que la música es especial para muchos de nosotros. Incluso a veces el estilo es irrelevante porque entendemos su poder genérico de transformación. Por eso intentamos ser selectivos, como en el cine o la literatura y como no nos vale cualquier cosa en cualquier momento, queremos acertar con la música que escuchamos en cada ocasión. Errar el tiro es inevitable, pero también fastidioso. Hay que reconocer que con los servicios de streaming ese riesgo se minimiza en comparación con la inversión en la compra de CDs y vinilos. En el pasado los comprábamos por impulsos, a menudo sin información. A veces desconocíamos el autor y los intérpretes, y no habíamos escuchado ni un pedazo de canción… ¡Cuánta música hemos comprado a ciegas! Para la escuela utilitarista esto sería simplemente un contradiós.

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