He pasado mil veces por el km 20 de la carretera M-618 y nunca me había fijado. He estado unas cuantas veces en mi vida en la “caldereta” de Hoyo y jamás me había dado cuenta. Incluso he estado en Vancouver y confieso que no los vi pasear por sus ordenadas calles. Pero, sobre todo, yo también he escuchado sin cansarme todos esos discos, todas esas canciones capaces de forjar la identidad de un adolescente y de responder a las preguntas de un joven desorientado. Sobre todo me he visto tan reflejado en Javi. Porque para muchos, el pop-rock ha sido nuestra educación sentimental.

 

Foto Israel Pastor
Foto Israel Pastor

Me preguntaba en el post anterior si una nueva literatura está quizás brotando ante nosotros, en esta primavera de nuevos movimientos políticos y de crisis feroz, a la luz de un nuevo referente que quiere ocupar terrenos creativos reservados hasta ahora al cine o a la propia literatura: la música pop-rock. Es interesante porque además la novela, en dos planos temporales (los años 90 y la actualidad), nos muestra cómo hemos cambiado también en la forma de consumir música. De las mezclas delicatesen en cintas de casete, al streaming universal de Spotify.

 

Habrá algunos que piensen que es una novela de “piraos” del rock. No es así. Es cierto que algunos lectores que podríamos llamar “premium” literalmente oímos las canciones cuando se mencionan, pero el lector “estándar” va a disfrutar también de esta “historia sin resolver” (pág. 89). Y esto no es baladí: es interesante que la trama de mueve en el bucle que conforman el presente, y los veranos con sus fiestas patronales describiendo “norias imparables” (pag. 171). Norias en las que los protagonistas se ven atrapados.

Fernando Navarro me ha emocionado. Su Javi, ese antihéroe, bien puede formar parte de aquellos personajes con quienes crecer y recordar cómo a su edad veíamos la vida a través de la música: Bob Dylan, Bruce Springsteen, Van Morrison, etc. eran nuestros únicos mapas. De un deleite individual a una experiencia colectiva. Eso es Martha. Pero Martha es también y sobre todo, Marta, la eterna amada no correspondida, o más bien la delgada línea entre la amistad y el amor. Emocionante relación romántica. Bien visto, esa Marta poco importa, quizás solo sea marta porque en realidad la relación es consigo mismo, con sus miedos, sus valores sin consolidar (al principio es por Roberto), sus dudas… Una historia de maduración a través de las relaciones personales. ¿Quién no ha estado en esas antes? ¿Quién salió airoso en su momento?

 

Martha es la historia de un chaval que se hace mayor a través de un dolor que no conoce bien hasta que “la música para el recuerdo” se lo evoca. Y esto sucede ya bien entrada la crisis económica de 2008. Es, por lo tanto, una de los primeras novelas que se contextualizan en este pasado presente persistente de paro, precariedad y futuro pesimista. En definitiva, lean, lean a Fernando Navarro.

 

Una última coincidencia: por aquellos años yo también estuve locamente enamorado de una Marta.

El libro se puede encontrar aquí

Y esta es la lista de canciones que “suena” en la novela, cómo no, en su playlist de spotify:

 

 

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