En 2013 Myley Cyrus lanzó su bola de demolición (wrecking ball) contra las mentes biempensantes y de acuerdo con los códigos del mercantilismo del show business. El mensaje de esa bola, tan maciza como la propia chavala, puede que no esté claro, oculto detrás del desprecio a una diva del pop ultravisual: para unos solo vender, para otros toda una metáfora.

Si uno bucea en internet, la exHannah Montana arrasa en los resultados en los buscadores, beneficiándose en esta época de “homo videns” en su video exhibicionista que alienta la lujuria voyerista en internet. Y de la enorme cantidad de parodias que la han seguido. Que conste que me parece que Wrecking ball es una buena canción pop.

Y se da una curiosa coincidencia: la portada del disco de los americana music  Girls, Guns and Glory de 2007 llamado, cómo no, Wrecking ball contiene una chica sexy subida a una bola de demolición:

girls guns

 

 

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En 100 años de historia el pop-rock ha recurrido a incontables alegorías para expresar sus emociones. Ahí están la lluvia, los ríos, las montañas, el fuego, el agua, el cielo, el infierno… Pero pocas imágenes como la de una herramienta de la (des)construcción. Y, lo que es más curioso, usada mucho últimamente. Se da la circunstancia de que entre los años 2012 y 2014 hay, al menos 4 artistas de intachable reputación que han recurrido a esta metáfora demoledora. Si consideramos las canciones de un tiempo y un lugar concretos como muestras de lo que en ella está pasando, el que abunden las bolas de demolición debe querer decir algo. Desde luego, la virtud de una metáfora es, además de decir las cosas sin decirlas, que significan cosas distintas según el contexto. Por eso son un instrumento muy versátil en la comunicación humana.

En 2012 Bruce Springsteen publica su propio Wrecking ball. En este caso, utiliza la metáfora, en un álbum comprometido social y políticamente, con voluntad renovadora aunque precisamente la canción homónima fuera escrita tras la demolición de un estadio de beisbol.

En 2013 la conocida vocalista Robin Beck (The first time) publicó su propia versión de la metáfora:

Sin embargo, mi favorita es la bola de Ryan Adams, que al menos ha tenido el detalle de hablar de “su” bola de demolición en 2014. Él mismo la definió en el festival de Newport como una “canción protesta”, pero por la muerte de su abuela.

Como decía más arriba, las metáforas son poderosas herramientas. Pero llama la atención la coincidencia entorno a la de una bola maciza de hierro en el contexto de la crisis no solo ecónoma. Cierto es que Neil Young en el Freedom de 1989 y Emmylou Harris en 1995 o incluso Interpol en su gran Our love to admire de 2001 hablaron ya de estas moles destructoras. Muchos más han recurrido a esta imagen para hablar del desamor destructor, para acabar con todo, en un nihilismo lírico que nos brinda el rock, aunque solo sea durante 3 minutos.

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