El pasado 4 de noviembre de 2014 se celebraba el II Encuentro sobre Canciones Políticas que organizo y coordino en el CEPC. En él participó Víctor Lenore, periodista musical a quien solo conocía por algunos artículos relacionados tangencialmente con la música comprometida en diversas publicaciones. Tras su intervención, me quedé con muchas ganas de leer su primer libro: Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural” (Capitán Swing. 2014). Y más si cabe aún después de escuchar un podcast en el programa “clandestino” Carne Cruda de Javier Gallego.

Y no ha faltado a las expectativas creadas. Lo primero porque se trata de un tema que a cualquier observador de la realidad social y cultural tiene una posible herramienta con la que interpretar lo que le rodea. En particular a través del eje vertebrador del texto: el ansia de la distinción, de marcar distancias, de usar la música como herramienta de dominación cultural, pero que a la vez se entiende como un producto de consumo. Además, estaríamos ante una “subcultura” conservadora, consumista, reaccionaria y en alianza con el mercado, que desprecia otros gustos culturales.

La verdad es que el postulado es tan agresivo como intuitivo: el libro nos recuerda, por solo citar un ejemplo, que la música indie es la favorita de los anuncios cool de la TV. Literalmente, la obra contiene cientos de ejemplos y subtemas (lo político o la moda, por ejemplo) muy interesantes. Hoy, una breve reseña.

Quizás la idea de diferenciación es la que más me ha interesado. Pero, replico, toda decisión basada en el gusto es subjetiva y, por lo tanto, estrechamente vinculada a la identidad. Puesto que vivimos en sociedad parece inevitable que tomamos nuestras decisiones estéticas (arte o cultura) desde y para nuestra identidad.

Esa distinción además funcionaría en un doble sentido: de las élites frente a las masas y viceversa. Y dentro de cada grupo social: los líderes se deben diferenciar del resto. Y de igual modo, asemejarte a aquellos a los que quieres pertenecer. Son mecanismos sociológicos muy estudiados, especialmente en la clase media que nos ocupa como recientemente ha puesto de manifiesto Esteban Hernández. Así pues, la diferenciación no solo es inevitable sino que es un mecanismo de socialización necesario. Y diría más: es quizás el principal factor que nutre la evolución cultural.

Dicho de otro modo, toda decisión es esnob, tanto si eliges Wilco o Radiohead como si eliges Kamela, Los Del Río o… simplemente nada, de hecho. Elegir no elegir, dejar que la radiofórmula te chute sus listas de números uno masivos es también una elección destinada a forjar tu identidad y distinguirte de unos y asemejarte a otros.

¿Y si yo, por no parecer cool o trendy o directamente esnob en este blog no escribiera sobre este libro? Escribo porque, sencillamente, me hace disfrutar. Y soy consciente de que eso, a ojos de muchos de mis amigos me puede hacer parecer “especial”, interesante, en el mejor de los casos.

Pero se me plantea un problema al utilizar la crítica yo mismo: como consecuencia de la lectura del libro de Lenore puede que algunos decidan dejar de escuchar cierta música y vestir de una determinada manera. De inmediato parecerían impostados, de postureo, como se dice ahora. Es decir, vuelta a empezar con la crítica.

Supongo que podemos ser hipsters y no hipsters a la vez. Leer a Ken Follet y a Richard Ford, escuchar Dire Straits y a Bon Iver, disfrutar a Isabel Coixet o a Danny Boon, preferir las camisas de cuadros a las de mil rayas, o ser suficientemente perezosos cada mañana para no afeitarse que ese descuido se convierta, sin demasiado ánimo de diferenciarse, en una barba de moda. El inconsciente colectivo es capaz de llevarnos, en fin, a un concierto de Tweedy y a bailar a Enrique Iglesias en una boda… El ser humano en toda su dimensión, contradicciones y anhelos por definir constantemente la propia identidad. Pero ¿y si yo, por no parecer cool o trendy o directamente un esnob urbano en este blog no escribiera sobre este libro? Escribo porque sencillamente me gusta (el libro y el blog). Y soy muy consciente de que eso, a ojos de muchos de mis amigos me puede hacer “especial”, o interesante, en el mejor de los casos.

Es interesante, la respuesta de uno de los blancos principales del libro, la revista Rockdelux, con una feroz crítica aquí.

En definitiva, coincido con Lenore en que la música indie cool es muy ñoña. Ahora bien, es ideal para tener de fondo mientras se escribe. ¿Un ejemplo?:

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