Últimamente varios hechos han coincidido en el tiempo y que finalmente han desembocado en una reflexión más profunda. Para empezar, me hizo evocar una actuación de que vi el viejo superchannel de la TV por satélite, allá por 1985: Tom Petty reveló al público que, como consecuencia de un puñetazo a la pared de un estudio, se rompió la mano. Cuando el médico de urgencias le dijo que no podría volver a tocar la guitarra, Petty le contestó “fuck that, you know”. Su público rompió a aplaudir justo antes de comenzar su mítica canción “the waiting”:

Para Petty entonces “la espera fue lo más difícil”. Pero para otros músicos de rock la discapacidad es algo permanente, aunque a Tom esa vieja lesión aún le duela. Ser músico de primera línea exige ser especial. Como un deportista de élite, pero con rasgos más creativos, artísticos e, incluso, virtuosos.

En el panorama del rock no faltan los ejemplos que ponen de manifiesto que la especialidad no supone ser un humano perfecto bajo el canon davidiano. A veces basta con tener carisma, aunque te falte un brazo, seas ciego, tengas párkinson o cualquier otra discapacidad.

Es cierto que Beethoven era sordo, un hándicap considerable sobre todo si eres músico. Pero puedes suplirlo con la creatividad de compositor. Pero es distinto para un intérprete en la carretera. Y es conocido que Woody Guthrie, padre del folk con el que muchos crecimos, sufrió de Huntington y, según su propia hija, “parecía un borracho” (ver “Sonic Highways, New York”) cuando en realidad era la enfermedad quien le robaba su capacidad de ser él mismo.

Como decía al principio, hace poco estuve en un concierto de la gira de Mr. Big de 2014, veterana banda en la que Pat Torpey ha sido diagnosticado de párkinson en julio de 2014 diagnosticaron Parkinson. Ser el virtuoso batería de un grupo de hard rock se convierte en prácticamente imposible. Era llamativo verle tocar la pandereta contra el pecho, ya que su brazo derecho parecía rígido. Tocó alguna canción a las baquetas, solo antes de que el grupo al completo le rindiera homenaje. Al llegar a casa, googlée su nombre y entendí mejor que habían adaptado su show para tanto para que Torpey siguiera en la banda y al tiempo rendirle homenaje en cada ciudad.

Hay muchos más otros casos, solo citaré estos: la reciente lesión de espalda invalidante de Phil Collins; Jason Becker, con ELA; mi admirado guitarrista Jeff Healey, que nació ciego y tocaba con la guitarra sobre el regazo; y el último caso que vi sobre un escenario: Chris Masterson, de los Mastersons, con una presunta discapacidad visual que oculta tras su imagen de Buddy Holly:

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Además, está el batería de Def Leppard, Rick Allen, quien tras un accidente de coche perdió el brazo izquierdo. Como todos, superó sus dificultades a base de esfuerzo, la única solución relamente. Hoy es quizás mas célebre que si tuviera tres brazos. Desde luego más que con dos, lo que le permite afirmar frecuentemente “la vida es genial, sé una estrella de rock”.

Otro caso celebérrimo es el de Stevie Wonder. La ceguera, además de fama y una imagen pública distintiva, le ha dado mayor sensibilidad para la música. Se perderá siempre, eso sí, los rostros de su legión de admiradores, pero apuesto a que lo puede sentir igual o acaso con otra intensidad.

En definitiva, lo importante aquí es que a pesar de la discapacidad, la clave está en crear e interpretar música que emocione. De hecho, a menudo el público no se da cuenta de si el artista presenta alguna discapacidad. La música rock, a pesar de lo que pueda parecer, no se basa en la fuerza, en la parte atlética de la interpretación que es icónica para muchos. Al contrario, su esencia reside en la fidelidad al puro discurso emotivo. Por eso, es una manifestación humana en la que predomina la igualdad de oportunidades. No solo porque si el producto es atractivo no importa quién lo ofrezca, sino porque no hay más barreras que la calidad. Y esto a veces es más insalvable para muchos que un muro para un discapacitado físico. Y la calve es que no estén solos para superarlo, lección que se aprendí del concierto de Mr. Big en Madrid:

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