Trabajo cerca de donde se mueven (ensayan, supongo) Amaral. Prometo algo que no he hecho hasta ahora todas las veces que les he visto en la Mi Venta: les invitaré a participar en el II Encuentro sobre Canciones Políticas. Su nuevo video, Ratonera, me ha interesado muchísimo. Esta es mi interpretación, pero lo ideal es que fueran ellos quienes nos la explicaran este año.

No es la primera vez que escribo de Amaral en este blog, últimamente centrado en la intersección de mis dos pasiones: lo político y el pop-rock. La primera vez el motivo fue que en el Congreso Rubalcaba mencionó una de sus canciones. Esta vez la cosa es bien distinta.

Para mí la noticia es que la banda de pop-rock más conocida y vendedora del panorama musical dedique uno de sus temas a la política. Amaral define el mainstream en España. Pero, al mismo tiempo, atesoran una buena reputación. Para mucha gente son sosos, aburridos, etc. Sin embargo, para muchas más son un dúo digno, capaz de hacer buenos discos y de tocar en el festival indie madrileño más importante, el Dcode.

Se ha armado cierto revuelo mediático hoy. La noticia, insisto, es que un grupo como Amaral anticipe su nuevo trabajo con una canción abiertamente política. Y lo es porque, como ya he abordado en este blog, el contexto importa. Y mucho.

En primer lugar, porque actualmente predomina el rechazo del pop-rock a lo político. Los ídolos de los jóvenes, sean futbolistas, deportistas en general o músicos de rock, salvo excepciones contadísimas, huyen de los contenidos políticos. ¿Qué implica esta decisión? En mi opinión una autocensura que está afectando al elemento consustancial a la creación artística. Nulla aesthetica sine aethica. Pero, lo que es quizás más preocupante, es que ese repudio sustrae a los más jóvenes y a la ciudadanos sin formación política de una fuente, a menudo la única, del debate políticas. Por eso, desde ya, aplaudo Ratonera.

Alguien tuiteaba hoy que entre “la tontería de Amaral y la gilipollez de “esto lo arreglamos entre todos” hay un punto medio: hacer política” (@JorgeGalindo). No estoy de acuerdo: las tres formas son formas legítimas de hacer política. Las dos primeras se mueven más en el terreno de la comunicación social, mientras que “hacer política” es más institucional y, por lo tanto, menos lejano. En todo caso, las tres son consustanciales en el contexto actual.

Ahora bien, vayamos a Ratonera. Sin duda, el contexto concreto en el que se presenta la canción merece un breve análisis. Pero he querido hacer un ejercicio distinto: he escuchado la canción sin ver las imágenes. Y, más tarde, al revés.

Uno descubre, sin sorpresa, que aisladas la letra de las ilustraciones aquella es más ambigua que estas. Expresa cualquier reacción de enfado y patea la “teoría de la cortesía” de Lakoff porque es abiertamente hostil y agresiva.

Por el contrario, las ilustraciones sí son directamente alusivas a representantes políticos muy conocidos. Hay un esfuerzo por que en esa tragicomedia aparezcan políticos de todos los partidos y tendencias, españoles y extranjeros. Además, los rótulos añaden solidez al mensaje,por lo que diré a continuación.

Desde luego, es en la unión de música, letra e imágenes donde aparece la crítica feroz. No es Ratonera una canción protesta, sino una cruda advertencia a la “clase política”. La canción agrede, pero es ambigua; las imágenes presentan políticos desposeídos, hasta cercanos, humanos: son víctimas de violencia, del paro, de la pobreza, de la enfermedad.

Sin utilizar un solo término político en sus letras Amaral presenta un alegato político: la ironía y la contradicción llevan a que las imágenes impacten en el espectador infundiendo compasión. Por eso pienso que la canción es una proclama a favor de lo político y de los políticos. Les advierte seriamente, eso sí, de los peligros de la desafección presente, de que el alejamiento de la ciudadanía puede magullarlos y ensangrentarlos como a sus avatares del video. Pero es intensamente pro-político. En el fondo pienso que lo que Juan y Eva nos dicen es que estamos todos en la “ratonera” y necesitamos que nuestros líderes deben sacarnos pronto de ella.

 

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