Hoy hace exactamente 10 años empezaba en un nuevo destino. Hacía dos años que había aprobado la oposición de Administrador Civil del Estado  (coincidiendo con el 11-S) y tras esos primeros años en el Ministerio de Cultura, decidí dar un cambio. Tomaba posesión como Jefe del Área de Relaciones con la Unión Europea del Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio del Interior. Su sede estaba entonces en la calle Recoletos, muy cerca de la estación de Cercanías.

Ya había tomado el tren cuando las bombas estallaron. A pesar de que entonces internet móvil no funcionaba como hoy, el sistema nervioso ferroviario sitió los golpes. Cuando mi tren llegó a Príncipe Pío, varias estaciones por detrás de Atocha, y se quedó definitivamente parado, solo se sintió la incomodidad por la quiebra de la normalidad. Y encima el primer día de un trabajo nuevo, con compañeros nuevos…

Conseguí llegar en metro hasta Cibeles. Cuando salí de la estación de Banco de España y veía la Castellana vacía del tráfico habitual y sacudida por ambulancias y coches de policía, ya sabía que había pasado algo muy serio. A lo lejos, mirando hacia el sur, todavía una neblina de humo. Esas imágenes, recién brotado del subsuelo, me acompañarán siempre. Igual que aquellas del 11-S.

No duré mucho en aquel trabajo: cambié las “Drogas” por el Medio Ambiente a los 4 meses. Así somos los ACEs. Quizás empecé con el pie cambiado en medio de todos aquellos acontecimientos terribles y que nos cambiaron a todos. Sin embargo, en uno de los viajes oficiales que hice me dio tiempo a sentir la solidaridad internacional hacia España.

Fue en Puerto España, precisamente, la capital de Trinidad y Tobago. En una reunión del GAFIC, con apoyo de los representantes de otros países europeos, conseguí que todo el XIX Plenario guardara un minuto de silencio en la ceremonia de apertura en recuerdo de las víctimas de los atentados (y que coincidió con la muerte de la reina Juliana de los Países Bajos, con  lo que hubo que compartirlo). Esbocé unas palabras de agradecimiento en inglés, asegurando que el pueblo español estaba conmocionado y que agradecía su gesto. Este es el texto que recoge el informe anual 2004:

En señal de respeto y apoyo para nuestros colegas de las Naciones Cooperadoras y Auspiciadoras de los Países Bajos y España, la Plenaria se puso de pie por un minuto de silencio para recordar la muerte de la Reina Juliana y otra vez la gran pérdida de vidas en España el 11 de marzo de 2004”.

12

10 años después, recuerdo que entonces escuchaba mucho Indigo Girls (tampoco sé cuándo he dejado de hacerlo). Recuerdo que entonces me impactó esta canción y, sobre todo su letra, que pone el dedo en la llaga de los fanatismos religiosos:

Mercenaries of the shrine, who are you to speak for god? With haughty eyes and lying tongues and hands that she’d innocent blood. Who delivered you the power to interpret Calvary? You gamble away our freedom to gain your own authority.

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