poster canciones politicas-1_000001

El I Encuentro sobre Canciones Políticas que se celebrará en el Palacio de Godoy, sede del siglo XVIII del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, dedicará una atención especial al significado político del pop-rock. Un fenómeno, además de netamente contemporáneo, esencialmente anglosajón. No solo es el mayor mercado musical del mundo, sino que hace ya media centuria que Nueva York desplazó a París como epicentro cultural del mundo occidental.

Pero, sobre todo, me centro en la música anglo sajona porque es en esa cultura en la que de verdad ha calado el pop-rock como elemento cultural. Pasó de ser contracultural a ser parte de una cultura. Ha pasado de ser una vulgaridad a hacer de sus líderes políticos unos extraterrestres si no la conocen bien. Esto se aplica al cine, a la literatura y, por supuesto, al pop-rock. Esta relación -o “interacción, cada vez menos formal”- queda muy bien descrita en la obra de Tevi Troy (“What Jefferson read, Ike watched and Obama tweeted. 200 years of popular culture in he White House”. Regnery History 2013). En él el capítulo dedicado a la música se titula, de forma reveladora y cruda “la cruzada por ser guay”. Es decir, una imagen un tanto negativa basada en el uso partidista de la cultura. Sin embargo, leído con detenimiento, uno repara en que Troy utiliza este criterio hasta el Presidente Clinton, siendo sus antecesores meros usurpadores de imágenes que lanzan mensajes a generaciones a las que ya no llegaban, bien por distancia de edad bien, sobre todo, por desconocimiento. Vamos, unos esnobs que intentaban disfrazase de lo que no eran. El caso opuesto es el de Obama, al que dedica un capítulo específico, como el “producto completo de la cultura pop estadounidense”. Cómics, series de televisión, top 40, deportes… Por supuesto, se puede alegar, como hizo en la campaña previa a la reelección John McCain, que “después de cuatro años de un presidente famoso, ¿ha mejorado tu vida?” (por su relación con actores de Hollywood o por cantar por Al Green). Pero la interacción política – cultura pop no consiste en hacer mejores políticas públicas o en mejorar el proceso de toma de decisiones, sino de comunicar mejor, de conectar mejor con la opinión pública. De no ser un esnob, dicho de otro modo. Curiosamente, Troy no presta atención a los gustos musicales de Obama. Una omisión que hace cojear su capitulo final y más contemporáneo.

La tendencia actual en representatividad política parece decantarse por la cercanía, por el conocimiento directo del pueblo. Un conocimiento real, vivido, y no impostado por consejo de asesores de comunicación. Paulatinamente, en democracia el mandato representativo ha dejado de ser un encargo de gestión de los asuntos públicos a un profesional. Parece necesario añadir a esa técnica de gobierno delegado una dimensión comunicativa de doble dirección, directa y constante, expresamente organizada en torno a los medios de comunicación de masas y de internet. La política 2.0 exige líderes capaces de conectar con el público. Y una (entre otras) de las herramientas es la cultura popular. A su vez,, el pop-rock aumenta de importancia a medida que su peso comercial crece (no necesariamente artístico). Pregunto ¿son mejores políticos los que conocen la música pop-rock?

Anuncios