En un momento de la evolución de la historia del rock en el que predomina de manera tan apabullante la canción, editar discos conceptuales es una temeridad. Y si son discos dobles es un suicido.

Mi tesis es que ya poca audiencia sabe o quiere escuchar un disco entero. Quizás solo algunos nostálgicos del vinilo, sean ya capaces de apreciar un producto de más de 5’. Hoy la tecnología de escucha ha facilitado que el rock se escuche en pequeños sorbos vacilantes. Vivimos en una radiofórmula eterna, en la que proponer, innovar en formato álbum es incomprendido,

El último ejemplo lo tenemos en Reflektor, de Arcade Fire. En una primera escucha se percibe innovación. Se palpa el riesgo. Y ya sabemos que entre los fans si algo predomina en la experiencia colectiva es launa clara aversión al riesgo. Por eso, si un grupo, que en el fondo funciona como una PYME que pone commodities en el mercado, decido seguir haciendo eternamente lo que hace bien, tendrá la admiración de su público. Pero pronto se le creará una masa crítica que le echará en cara la falta de creatividad. Y eso es precisamente lo que distingue a una banda de rock en una PYME: la relación estética con su producto. Su cultura organizativa es bien distinta también: quizás más abierta, menos formal.

A mi juicio solo ha sabido reinventarse con lucidez una vez U2, pero quién duda ya hoy de su bajón artístico, atravesado por el activismo político y social de Bono. Y Arcade Fire, que surgieron como una refrescante propuesta coral, con sus cuatro LPs anteriores, ahora se han pasado de frenada y se han “pasado al reggaeton”, como titulaba un periódico. Que resulta que luego el crítico dice que “coquetea”- Vamos que no es que se pase, sino que solo coquetea… en fin, conseguir clicks en tu periódico está muy dócil, la verdad. Pero el verdadero problema de la aversión al riesgo es criticar la creatividad y luego calificarlo de “más de lo mismo”.

A mí el álbum me gusta. Pero eso da igual. Me gusta que haya grupos que intentan cosas nuevas, fusiones y refusiones, que se alejan de los paradigmas imperantes como el de la canción o del Lp de canciones sueltas de 3 minutos. Y el fan, deberá aprender a valorarlo, si quiere. Y si no, pues nada que para eso estamos en la era “postmoralista”.

Porque como en el periodismo actual, no se puede hurtar al público de los detalles. No se les puede decir que las cosas son tan sencillas que caben en un titular. Porque la realidad es más complicada que una canción de 3’.

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