El otro dío trataba de explicar a mi hija Laura, de 8 años, que era una “cinta” de cassette, mientras pulsaba con el dedo su lista en Spotify (niños). Más o menos esto es lo que le conté:

La esencia de la música tonal occidental, con independencia de su estilo o época histórica, se sustenta en el ritmo y en la armonía. Sin embargo, su difusión y “popularización” dependen del estado de la tecnología. Desde la música local anterior a la I Guerra Mundial hasta su actual desarrollo ubicuo e instantáneo gracias a internet, ya tenemos perspectiva para evaluar 100 años escuchando música popular.

En líneas generales, los avances tecnológicos del siglo XX produjeron la generalización y expansión de una industria musical. Hasta principios del 1900 la música popular era un fenómeno local y, como tal, sólo se podría dar con la presencia del oyente. Esta situación favorecía una pluralidad cultural y folklórica que hoy ya apenas reconocemos. El contacto y el mestizaje musicales eran más difíciles, lo que preservaba las esencias regionales. Lo que tiene de bueno, también lo tiene de malo: de la mezcla nace la creatividad.

Pero apareció la radio. Y de la partitura y la tradición oral se pasó en los años 20 a los primeros programas con música que desbordaba el espacio físico. Un invento centenario, aún con considerable influencia en la industria del entretenimiento, revolucionó la forma de escuchar música… y de hacerla. Desde que en 1920 la KDKA de Pittsburgh comenzara sus emisiones de música siempre en directo con big bands, se crearon una audiencia mayor (emisoras en cadena) y una forma de hacer música popular. Y, por descontado, impulsaba la “americanización” (de EEUU). También creó un mercado, fundió estilos locales, simplificó mensajes, creó estrellas y fomentó una industria. Apareció el “mainstream pop” en las figuras de BIng Crosby y Frank Sinatra, música de y para blanco, ya que la separación cultural de los negros era un hecho hasta los 70.

En la aparición de una verdadera industria discográfica no hay que pasar por alto dos nuevos inventos de los 40: el disco grabado y las diversas técnicas de grabación de Les Paul y su “overdubbing”. La canción cede protagonismo al álbum en el mensaje y el producto, cosa que de nuevo cambia la forma de escuchar música.

Al poco, un nuevo hito: la televisión, unir sonido e imágenes supuso un cambio, de nuevo, inesperado. De los shows en directo a los video clips de la MTV, su papel homogeneizador y popularizador sigue siendo potentísimo. Es decir, todo lo que convirtió al rock e la fuerza social, cultural, económica y política que en nuestros días, especialmente ligado con los valores de las calases medias urbanas y consumistas.

Entre los años 60 y 90 predominó el desarrollo tecnológico del soporte. Del vinilo al mp3, pasando por las cintas de cassette o el CD, la industria discográfica ha ido (re) empaquetando y (re) vendiendo sus catálogos en formatos nuevos. En los 80 y 90 el CD provocó las reediciones de los grandes discos de los 60 y 70, con lo que los nuevos artistas tenían que competir no solo con sus coetáneos sino con los “clásicos”, un nuevo fenómeno intergeneracional. No quiero dejar de lado la creación de la radio de rock “clásico” en los 80 de Fred Jackobs ni el surgimiento del concepto de “historia del rock”.

cassettesEn consecuencia, la música sale de la sala de conciertos para el vivo y el directo a la calle, donde con una mera conexión 3G puedes disfrutarla sin tenerla. Y el salto cualitativo que supone la ubicuidad, la inmediatez y la infinidad del catálogo del rock es simplemente espectacular.

Hoy, los medios de distribución electrónica en streaming exigen respuestas de la industria musical. Pero lo importante es que configura una situación no prevista: la piratería y la difusión masiva conviven con nuevos planteamientos de la dimensión cultural y social del rock. Por un lado, vemos que hoy vuelve a tener más importancia la canción suelta frente al álbum, a pesar de que ese siga siendo el vehículo de lanzamiento. Uno tiende a hacerse sus listas de canciones, desechando sin pudor aquellas de relleno que en la inmensa mayoría de los “discos” comerciales  existen. Por otro, el papel de las discográficas languidece a favor del de las plataformas de pago como Spoitify, Itunes, Grooveshark, Pandora, etc. Sabemos que hay ya millones de usuarios y que desagrada a los artistas, pero también sabemos que nos e puede parara ya. Pata mí, por ejemplo, es ya irrenunciable, a pesar de mi antiguo fetichismo musical, acudir a Spootify a descubrir nuevos artistas o discos que no conocía, o hacer y deshacer listas, como decía, por sólo 10 €/mes.

imagesEn suma, la presencia de la radio y de la televisión a escala nacional favoreció la aparición de una industria cultural económicamente muy importante, pero que tendrá efectos sociales y políticos a lo largo de los años. El poder de la palabra, de la comunicación, a través de una canción solo podría tener lugar gracias a una difusión masiva.

(Fuente bibliográfica: J. Covach y A. Flory: “What’s that sound. An introduction to rock and its history”. 3ª ed. Norton 2012)

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