Una noticia en la prensa digital me saca de mi existencia terrenal y me empuja hacia el pasado. Un pasado que acaso si no era mejor era más ingenuo, menos autocrítico y más complaciente. Esta noticia se refiere a la educación musical en la escuela.

Y, a su vez, esto me ha hecho recordar una película de 2003, Escuela de Rock protagonizada por Frank Black. En realidad ese filme es una comedia ligera, con todos los estereotipos, pero fue un éxito de crítica y en la taquilla. Además, encerraba algunas ideas interesantes acerca de las cosas hechas en equipo, acerca de la creatividad, acerca, en definitiva, de la música (rock). El tema central de apoteosis es el it’s a long way up to the top de AC/DC:

En mi (lejana) época escolar, mis primeros contactos con la música eran de tres tipos: teóricos, prácticos y privados. Los primeros suponen una asignatura reglada, los segundo también, pero más excitante a corto plazo, pues tocar la batería o cualquier instrumento de percusión (búsquese aquí una conexión simiesca) con los compañeros de clase es, en sí misma, toda una experiencia. Y de la tercera ya he hablado en repetidas ocasiones en este blog. De hecho, esto blog va del significado colectivo de una experiencia privada como es escuchar música rock.

Recuerdo que me quejaba de que sólo se estudiaban los autores clásicos de la música. Que nada o muy poco se decía de los contemporáneos. Recuerdo añadir fotos y biografías de ‘otros clásicos’ como Bob Dylan o Woodie Gutherie (entonces me daba mucho por el folk estadounidense) en los libros de texto. Ahora lamento no saber más de movimientos musicales clásicos y no haber memorizado obras y movimientos (esta línea va para mis hijos). Pero creo que para mi generación ese conocimiento es menos trascendente que el que yo anhelaba. Y aquí recurro a Springsteen, una vez más: “We learned more from a three minute record than we ever learned at school”. En el fondo se trata de que para nuestros padres y sobre todo abuelos, la música clásica estaba en todas partes. Pero para nosotros ese papel lo asumió plenamente el pop-rock. Y era justo lo que no nos daban en el colegio. Había que buscarlo lejos de las aulas, de los libros y de los maestros.

Supongo que la educación musical en un colegio en los 80 no era muy buena. O al menos era mejorable. Sin duda, mirarse en el espejo de los países eslavos sería muy estimulante, aunque no sé si realista. Si a eso se le añade el efecto positivo que afirman que tiene sobre el aprendizaje en general y el de ciencias en particular, la situación se torna dramática.

Y como se menciona en el artículo con el que iniciaba este post, la merma de la educación musical puede llevar a justificar los recortes en educación artística y de ahí a la deshumanización ya solo queda un paso.

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