A la difícil pregunta de quiénes han sido los mejores líderes políticos en los últimos años, hay una respuesta igualmente difícil. Pero de lo más estimulante.

En Occidente un buen líder debe poseer carisma para encabezar el cambio y representar principalmente a su generación. La hipótesis de este post consiste en que los políticos que han escuchado música pop-rock son mejores líderes. Es una afirmación arriesgada, sin duda. Pero se trata de saber si, a diferencia de los de generaciones anteriores, los nacidos después de la Segunda Guerra Mundial conectan mejor con la sociedad que lideran. Y, de ahí, un salto mortal, una herramienta audaz para el voto: ¿habría que elegir líderes políticos con este perfil?

Entiendo por “escuchar” rock, alguien que activamente ha seguido este tipo de música predominante a finales del siglo XX y principios del XXI, en pleno apogeo de la sociedad de masas. Comprar discos, aprendérselos de memoria, ir a conciertos, compartir experiencias y gustos con amigos similares… todo eso conformaría la experiencia rock que un adolescente y, después, un joven tiene en los años de colegio y de universidad. Históricamente, coincide con la época dorada del álbum de rock en vinilo, que propicia una experiencia cultural e identitaria única. Esto se quiebra, ya en el siglo XXI, con la fragmentación de la industria musical y el fenómeno de las canciones en formato portátil. Y qué decir del streaming.

Hay que aclarar que aquí se entiende el pop-rock como toda la música popular contemporánea, en piezas de 3 – 4 minutos que se incluyen en álbumes unitarios. Esto excluye las canciones sueltas de las radio fórmulas o la escucha deslavazada en recopilaciones de “grandes éxitos”. Me apresuro a afirmar que la experiencia pop-rock es propia hasta ahora de los países anglosajones. En Europa continental y en España en particular, simplemente no se producía porque era ajena a nuestra cultural.

Y otra premisa rompedora: entiendo que la figura de un político no solo es necesaria sino positiva. Soy consciente de que esto es nadar contracorriente, pero piénsese en las consecuencias de afirmar lo contrario.

En suma, un político forjado en estas circunstancias es la materia prima para mi hipótesis. Así pues, ¿a quiénes hemos tenido con este perfil? Muy pocos:

EUA

BlIl Clinton
Barack Obama

UE:

Tony Blair
David Cameron

En España, entre los presidentes de Gobierno, ninguno. Entre los de comunidades autónomas, solo puedo pensar en Patxi López, exLendhakari.

El pop-rock es el referente cultural e identitario más numeroso (habitual) desde la Segunda Guerra Mundial. Más que la música clásica (o “culta”), me atrevo a pensar. Por lo tanto, el que mejor concrete con esa identidad tendrá a su disposición mejores referentes sociales para la dimensión comunicacional del liderazgo. Sobre todo en las sociedades de masas, en democracias mediáticas. De ese modo podrá conectar mejor con el electorado y con la esencia de la comunidad social y política. Y de ahí a encabezar los cambios que el mundo occidental, en plena crisis transversal, está demandado.

El pop-rock por sí solo no puede cambiar el mundo, pero contiene la esencia cultural, las ideas y la actitud para reducir la desafección política a través de buenos líderes.

Claro, que también hay quien sabe porqué Al Gore y John Kerry francasaron en llegar a Presidentes. “Por el contrario, George W. Bush tuvo unos años de vida peligrosa, a lo Elvis, que le permitieron mostrarse arrepentido y ganar simpatí­as”, según algunos (Manrique 2007).

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