Resumen de un artículo más amplio y detallado pendiente de publicación

Buena parte de la crítica y del público considera que el arte en general, y el rock en particular, solo deben hacer buenas creaciones. Que deben centrarse en la calidad de sus resultados. Es decir, aboga por la belleza en sí misma, basada únicamente en la estética. Sin embargo, otra corriente, seguramente menos numerosa, entiende que el arte debe ser comprometido, que debe ponerse de lado de las causas de legítimas y denunciar las situaciones injustas. Para estos, la ética debe predominar sobre la estética.

Para este post, una canción política es aquella cuya letra tienen como idea fuerza cualquier aspecto relacionado con un régimen político, su origen, su cambio o sus resultados, sus instituciones, sus protagonistas, sus leyes o su interpretación.

Es decir, se basa en un concepto muy específico de lo político que deja de lado los movimientos sociales o todas las decisiones colectivas. No hacerlo así supondría un objeto inabarcable y casi vacío de contenido: prácticamente todas las canciones que no son de amor tocan algo colectivo y, por lo tanto, “político”. La prensa suele calificar reiteradamente esta música como “política”, y es seguro que no evitan esa etiqueta a las letras que contengan la más mínima referencia a un personaje político (si es George Bush, mejor). Pero en mi opinión, solo es “música”, una hija creativa más de su tiempo. Y, seguramente, se debe en parte a una mala traducción de “polítical songs” en vez de “canciones comprometidas”. Además, lo divertido es reducir hasta lo esencial el tema que nos ocupa.

Por otra parte, opto por el pop-rock anglosajón (y similares). En primer lugar, porque es la música que me gusta y conozco. Pero si se piensa, en segundo lugar, el eje de la música popular contemporánea en occidente pasa por los países anglosajones que son, además, los inventores del género, de su mensaje y de su difusión global. Desde la Segunda Guerra Mundial el peso cultural de occidente pasó de París a Nueva York. Por eso se puede afirmar que el movimiento artístico y sus vínculos con lo político son creación anglosajona, siendo el resto “franquicias”, aunque no por ello menos valiosas para otros estudios más específicos.

Huelga decir que tradicionalmente los analistas políticos y sociales “serios” no se han acercado demasiado a este fenómeno y cuando lo han hecho ha sido para utilizarlo como ejemplo del caos y se la futilidad de los movimientos artísticos contemporáneos. La música rock, como expresión de lo negativo y disfuncional de la sociedad de masas. Parecería que muchos se quedan en la capa superficial de un tipo de música popular. El caso más reciente es el de Vargas Llosa en su “La civilización del espectáculo”. Y aunque sin duda existe mucha mediocridad, si uno deja los prejuicios a un lado puede encontrar rock de valor.

Lo habitual es que los sistemas y los hechos políticos influyan en las letras de las canciones políticas. Pero lo más interesante es averiguar si estas canciones pueden influir en los sistemas y los hechos políticos. ¿Hay influencia recíproca? Los movimientos musicales contraculturales forzaron la creación de políticas publicas sociales y culturales que hoy denominaríamos modernas a partir de los años 80. En todo caso, siempre se mueven más en lo comunicativo que en lo electoral, en la premisa de que el lenguaje es capaz no solo de reflejar la realidad sino de transformarla (W. Benjamin). Pero si se piensa, esto no es privativo de las canciones políticas, sino de cualquier creación artística con una intención de activismo social.

A menudo se ha prestado atención al significado cultural, social y político de las artes plásticas, del cine, de la literatura e, incluso, de la música clásica. Sin embargo, el pop-rock aún está demasiado huérfano de un enfoque “serio”. Es cierto, por otra parte, que algunos autores rock han recibido estudios concretos en la materia (Frank Zappa es el mejor ejemplo quizás – ver Manuel de la Fuente), pero esa particularidad nos priva de un enfoque más amplio y, quizás, completo. Si a ello le añadimos que el periodismo musical se centra casi exclusivamente en el significante, renunciando al significado del pop-rock, el resultado es una hiperinflación de la estética y un casi nulo interés por la ética del género. Por eso, quizás, el buen pop-rock no consigue salir de los “garitos” intelectuales.

Aquí se enumeran y catalogan algunas de las “canciones políticas” más destacadas, siempre incompleta. Únicamente trata de ilustrar las descripciones de este post. Ha sido una gran inspiración la jukebox de Ruth Ewan, aunque en este último caso solo se centra en canciones políticas de izquierdas.

Esta es la lista en spotify.

Si te interesa el artículo completo, más detallado y más politológico, deja un comentario aquí.

Anuncios