Uno tiene la sensación de que el verano pasa mucho más rápido que el invierno. Y me rebelo contra ese doble rasero del disfrutar-corto y el padecer-largo. Me declaro desobediente civil, objetor de conciencia. Entre álbumes digitales que nunca conocerán el papel, noticias de una España que se quema; en un verano de ventiladores a plena revolución de parados que cobran en B y el paro y los que de verdad no tiene nada y además se lo quitan; el desmantelamiento progresivo de nuestros derechos y logros colectivos; entre todo eso, como si nada, el descanso estival se va pasando. Afirmo: detesto el otoño, con su melancolía, con sus días que se acortan, sus nubes grises recordándonos que el mundo es mundo.

Encuentro alivio privado en la música que me gusta, que no suele ser la que le gusta a la gente que me rodea (hasta que mis hijos sean mayores, espero). Encuentro solaz en las playas de Tarifa, en ese Valdevaqueros que quieren alicatar también, robándonoslo, hurtándoselo a nuestros herederos.

Valdevaqueros, Tarifa – Cádiz. Verano de 2012.

Y saboreo uno de los tuits más verdaderos de mi time line en los último meses: “solo los borrachos y los niños dicen la verdad. Así que, superada la edad, pidió otra copa y dejó el periodismo”. Contundente, veraz, mucho con muy poco, @teresadilamargo. El (mal) periodismo me preocupa y es, a menudo, objeto de mis iras. Por cómo lo cuentan (errores gramaticales, mala dicción, como hablaba con mi amigo Pablo Soret) y por lo que cuentan (por un reduccionismo injusto con la verdad). Pero, sobre todo, por su manifiesta renuncia a mejorar y dar un buen servicio público. Se han entregado al mercado perdiendo paradójicamente sus derechos laborales. Triste y pobre derrota.

Y eso me lleva a la crisis que afronta RTVE, el garante de un servicio público, plural y objetivizante de información. Los funcionarios defendemos (demasiado a menudo en solitario) la profesionalización de los servicios públicos como medio más eficaz para mejorar la competitividad de la economía, que parece que los autónomos son los únicos que pueden contribuir a la prosperidad. Por eso duele atisbar la politización de la tele y la radio públicas. “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros” (John Lennon).

Y, mientras tanto, la prensa escrita se marchita, cede ante los nuevos formatos digitales. Me resulta curioso ver gente en la playa leyendo en ebooks. Qué queréis que os diga, yo en vacaciones tiendo más al periódico en papel y a esos libros que han aguardado este momento. Pero también he pensado que las canciones pegadizas y marchosas son para e invierno y las “intensas” para el verano… quizás por esas contradicciones y por eso de que me rebelo contra el paso del tiempo corto en verano. Quién sabe.

Llegará septiembre y seguiremos teniendo muchos asuntos pendientes como sociedad. A veces pensamos que el año termina en julio, pero esta idea se quiebra el día 1 de agosto, en el que, salvo por los presentadores estrella de la radio, todo sigue igual.

Una recomendación: The Black Keys, el Camino y este Lonely Boy. Inconfundible riff y un vídeo  cuando menos cachondo:

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