Final del partido. Estados Unidos gana la medalla de oro. Una más.

Pero, mientras el fuego olímpico ya piensa en Río de Janeiro, algo ha pasado. Algo similar a cuando la tierra se mueve unos centímetros: el baloncesto FIBA se ha acercado al de la NBA. La ÑBA ha amenazado la supremacía baloncestística de los EEUU.

Buen juego, actitud y sobre todo espíritu de equipo. Un espíritu del país al que representan falta en proporciones olímpicas: sentido de lo colectivo. Como decía Díaz Miguel, el “equipo”, no la selección. Ese espíritu que también alimenta Rafa Nadal y tantos otros deportistas a los que los medios no prestan la atención que se merecen.

Admiro a este equipo por encima de muchas de mis idolatrías. Admiro a este grupo que ha pasado que nos ha acostumbrado a ganar desde hace 8 años. Tenemos mucho que aprender de un equipo que no se da por vencido, que cree en sus posibilidades, que trabaja duro, que levanta la vista y ve un compañero. Que comparte éxitos con humildad y sencillez. Sin la prepotencia de otros.


Ojalá cuando madrugue un chaval para jugar una liga de barrio ese espíritu lata en él. Ese chaval será un día un trabajar o un empresario. Ojalá recuerde los colores que coronan con la plata hoy, casi el oro, y pueda contribuir a que sea un lugar mejor desde el esfuerzo colectivo.

Final del partido. Estados Unidos gana la medalla de oro. Una más mientras suena Born in the USA de Bruce Springsteen en el North Greenwich Arena de Londres. Felicitamos a los justos ganadores. Han sido mejores, aunque en alguna medida deben compartir el triunfo, por juego y por el espíritu olímpico de la final que hemos vivido hoy. Todo ello en unos Juegos Olímpicos protagonizados por Usain Bolt o Michael Phelps.

Gracias ÑBA.

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