Ahora que la selección española ha ganado a Croacia en la Eurocopa 2012 y ha pasado a cuartos de final, aprovecho para reflexionar sobre su seleccionador, Slaven Billic. Estos días previos al choque ha llamado la atención su personalidad y gustos personales. Pero no tengo claro por qué es noticia que a un futbolero le guste mucho la música rock. Tampoco sé si eso es normal o es más bien de raritos que, además, lo exprese bien y lo utilice para explique sus planteamientos futbolísticos.

Quizás sea cosa de un estilo del periodismo moderno que no está a mi alcance, pero empezar un artículo destacando ”un arete colgando de su lóbulo izquierdo, vaqueros, camisa abierta, barba de cuatro días, pelo revuelto y una sentencia que justifica esa imagen cuidadosamente descuidada que luce el seleccionador croata”. A veces es tan burda la búsqueda del estereotipo que me quedo sin argumentos:

http://deportes.elpais.com/deportes/2012/06/09/eurocopa_futbol/1339272849_801511.html

Bilic, amante del hard rock y de Héroes del Silencio, establece muchos paralelismos entre la música rock y los equipos de futbol (“quiero atacar como una banda de rock”). De igual manera, recientemente, Steve Van Zandt, uno de los guitarristas de Bruce Springsteen ha señalado que desde 1965 a 1994, de Dylan a Nirvana, “cada mes aparecía un grupo nuevo: Jimi Hendrix, Procol Harum, The Yardbirds, The Who…. ¡Y eso fue así durante meses, cada año! Dábamos por hecho que iba a durar siempre”. A mí esto me ha recordado al “fin de la historia” de Fukuyama, una de las propuestas que más triunfó y que con más estrépito se desinfló. “Y de repente dejó de ser así, como si te hubieses estrellado en un muro”, continúa Little Steven, dejando una imagen atroz de la actual crisis.

Una vez más, una prueba de que como cualquier otra creación cultural, estamos ante un instrumento para relacionarnos con el mundo. Y es que la música rock es la más escuchada en occidente, es una manifestación cultural de primer orden, es una industria muy potente (festivales y conciertos, merchandasing, venta de música por internet) y no tiene visos de desaparecer como los periódicos, los bancos y algunas monedas parecen indicar. Por eso me llama la atención que algunos no lo hayan entendido aún y todavía les haga gracia esa imagen frivolona y pasota que muchos medios dan de los aficionados al rock. No merece la pena rebatirla, conscientes de que una prensa que languidece se centra en lo amarillo, en lo que apela a los instintos y las vísceras. Pero hasta el propio Bilic trata de rebaitir ea imagen de “raro”: “Escuché que soy especial, pero es que lo que hago me emociona. Toco la guitarra [es vocalista y guitarrista del grupo de rock croata Rawbaw], pero también era bueno en la escuela y terminé la carrera de Derecho”, confiesa Bilic. Aquí va mi contribución, coincidiendo con Gay Talese: “el 11S acabó con el buen periodismo”.  En realidad están entre dos tierras, como todos los demás:

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