Estos días he vuelto a la biblioteca municipal, ese lugar donde hay un extraño pacto de silencio. Ya casi no recordaba la profundidad de lectura que ofrece leer un periódico en papel impreso frente a su versión digital. Y tropiezo con una especie de macroentrevista, presudoautobiografía, sobre Dani Martín: “Soñar no es de locos. Mi pequeño recorrido” (Javier Menéndez Flores, Temas de hoy, 2011).

En mi opinión, no está ni bien escrito ni su contenido cuidado: hay reiteraciones, abuso de lenguaje coloquial, poco rigor en la información, ya que se basa en recuerdos y en vivencias, etc. Se trata de una entrevista en formato de libro, con páginas llenas de trascripciones de soliloquios del exlíder de El Canto del Loco.

Sin embrago, hay una cosa que me ha atrapado: la fuerza con la que transmite las “cosas que contar”. Sobre todo, la ilusión de los comienzos, de la furgoneta de reparto a los primeros conciertos.

El tipo me cae bien (por eso empecé a leer el libro) y su música es de consenso en nuestro coche, pero con lo que he leído saco la conclusión de que su obra es menor (pop comercial) y su persona mayor (no pequeño), aunque se esfuerza en mostrarse generoso, sensato y consciente de su corta vida artística. Pero creo que lo que más admiro de él es la naturalidad con la que afronta la fama. Y unas dudas, ¿es calculada su equidistancia ideológica? ¿Es desconocimiento?

Del libro se desprende que la autoestima y la confianza en uno mismo son el activo más poderoso para lograr tus objetivos. Dani Martín es un tipo a quien se ha considerado engreído, pero esa inquebrantable fe en sí mismo le ha llevado a donde está. Y efectivamente, su historia “puede divertir y entretener”. Incluso con bromas que hay gente que no entiende.

Anuncios