Hay una cancioncilla de los Village People llamada ‘Key West’ que dice “take a walk down Duval Street, you never know who you’ll meet”. Y eso fue lo que pasó.

Duval St - Key West
Duval St - Key West

Nosotros, los hispanohablantes, deberíamos llamarlo sin sonrojo Cayo Hueso. Por sus calles tropicales pasearon Hemingway (ese hombre ubicuo) o Roosevelt (que no es Obama ni viceversa). Y por sus calles, concretamente en la calle Duval, mezclada entre tanto tienda de comida y ropa, lo último que esperas en encontrar un templo a la cultura contemporánea, al pop-rock a través de las artes plásticas. Eso se califican de “bellas artes del entretenimiento” y con un nombre comercial más que descriptivo: “la cripta de la cultura pop” (www.popculturevault.com).

Interior de Pop Culture Vault

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo cierto es que lo que me llamó la atención no fueron tanto las obras allí expuestas, sino el concepto. Una galería de arte dedicada a la cultura popular es un hecho no solo infrecuente, sino por muchos “entendidos” rechazable. Acostumbrados a ver arte contemporáneo en las paredes de grandes ferias, llenas de vanguardias y nuevas tendencias, qué cabida tiene la cultura contemporánea. Supongo que desde Warhol y su lata de sopa Campbells no debería llamarnos la atención que se litografíen grades fotos de grandes artistas. Y sin embargo, lo hace.

De hecho, no conozco ninguna galería de etas características. Su forma de trabajar es sencilla, según me explicó su encargado, Justin Saharyan: se ponen en contacto con el fotógrafo autor de las imágenes de músicos como Beatles, Marley, Lennon, Elvis o Bruce Springsteen y litografían un número de copias, con su licencia y su sello. Lo enmarcan y, en algunos casos, lo hacen con portadas de discos o ediciones especiales de posters. Su precio ronda los 600 $ y también puedes encontrar iconos del cine o del cómic.

 

 

 

 

 

 

 

Para los mitómanos supone un toque de refinamiento y para los amantes de las artes plásticas es una nueva manifestación contemporánea. Ignoro si sería lo suficientemente digno como para que permitieran su acceso a Estampa o Arco, pero su carácter innegablemente cultural y estético bien lo merecen, a mi juicio. De hecho es un acto doblemente cultural: por los músicos y sus obras que retratan y por la expresión plástica en la que se representan. La música popular (y demás expresiones populares, como el cine o el cómic) son narraciones de la historia. A veces sucias (“sexo, drogas y rock ‘n roll”), a veces como en Pop Culture Vault hermosas.

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