No voy a descubrir nada si escribo que la radio en España no se parece en nada a la de Estados Unidos. Sólo en términos de oferta y de variedad musicales la comparación es odiosa. Emisoras que se clasifican por estilos (ese country!), sin apenas anuncios, y selecciones amplias de autores conocidos, clásicos, y desconocidos y con RDS que te va diciendo lo que vas escuchando. Mejor cultura musical (perdón por la redundancia) tendríamos sin tanta radiofórmula.

Pienso en esto después de “cantarle” el tema del ius solis vs ius sanguinis y de los tratados de doble nacionalidad al agente de aduanas (aquí no entienden que aun habiendo nacido en Londres sea español). Y, como diría mi amigo y compañero Antonio, la lógica tampoco se aplica al derecho. Después de hacernos con la Ford de 12 plazas y de tomar la Ruta 1 a través de los Cayos del sur de Florida, en solo una hora ya han sonado Bob Seeger, Tom Petty, Billy Joel, Steve Miller y la casi olvidada Reason to believe de Rod Stewart. Es cierto, es su cultura, pero ¿quién puede trazar aún las líneas divisorias sin echar borrones?

Una vista de un barrio de uno de los Cayos

En los primeros cayos el que no es hispano de origen, chapurrea el español. La zapatilla de deporte es el calzado nacional y la consabida obesidad la seña de identidad. La cobertura de internet móvil es transcultural. Y, como afirma Franzen, “los votantes estadounidenses están la mar de contentos con su TV por cable, su Xbox y su banda ancha” (Libertad).

Del Amitri, Don Henley, Creedence, siguen sonando. Una sola carretera y puentes que jalonan dos océanos. En The fish house se comen pescados de la zona pasados por la mejor cocina. En muchos restaurantes te preparan tu pesca mientras te tomas una de las cervezas locales, Yuenglings o Blue Moon, por ejemplo, de sabor suave y color tostado, servidas con una rodaja de naranja.

Cervezas Blue Moon en Miami - Gump

Los pelícanos, gaviotas y águilas tachuelan el cielo levemente brumoso por la humedad de dos mares y una sola tierra. Donde antaño había piratas hoy abundan jubilados de norte América, donde unos antes saqueaban los buques del Rey, ahora otros atraviesan la Ruta 1 con vehículos enormes, Fords, chevrolets, lincolns, GMCs, y todos los japoneses, en proporciones descomunales, eso si ya con motores flexi fuel e híbridos. Motores potentes para speed limit 55 m/h. Paradojas del nuevo mundo en el estado soleado.

Ruta 1

Wilco, Pearl Jam, Band of Horses. Ambición y libertad. Dichas así estas palabras suenan bien, pero avaricia y libertinaje evocan lo peor del sueño americano. Aquí triunfar es una seña de identidad que convive con el “todo vale”. Y estos valores trasversales se vienen abrazando en Europa desde hace años y no sé si nos encaminamos hacia una polarización de la sociedad (los que pueden vs los no pueden). El sueño europeo era colectivo. El americano, individualista. Es cuestión de gustos, pero aquí se ve miseria sin atención médica, trabajos precarios y “deudas que ningún hombre honesto puede pagar” (Bruce). Y se ven outlets monstruosos y el marketing está incrustado en el imaginario colectivo, como la nicotina en el fumador, y el evangelismo crece y crece…

Indigo Girls, Steve Earle, Neil Young. En fin, un mundo súperconectado sin cables, pero al tiempo desconectado entre sí, sin costuras visibles. Apago la radio. Silencio.

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