¿Dónde quedan la imaginación y los sentimientos en este momento de la historia en el que las primas de las que todo el mundo habla son de riesgo? ¿Dónde queda la verdad del ser humano cuando los mercados financieros devoran los valores de nuestra convivencia? Bien, creo que tengo una respuesta.

–          ¡Mira, Marco, por allí viene Mack, por la autopista!

–          ¿Dónde? – se preguntaba él, rastreando por la ventanilla. La mención a Mack le había puesto en alerta extrema.

–          ¡Allí, míralo! ¡Cuidado que se que se queda dormido y se le va a caer Rayo McQueen!

Y esboza una sonrisa que me dice que ha comprendido la broma, sobre todo porque en el coche va sonando, de camino a fisioterapia, a todo volumen “Life is a Highway”, canción que él conoce perfectamente porque la ha oído, sin escucharla; decenas de veces.

Mi hijo Marco (3) tiene dos películas favoritas: Spirit y Cars. Y las dos, además de bien hechas (incluso para haberlas visto 20 veces), tienen unas magníficas canciones en su banda sonora. Y no solo para niños. Gracias a ellas he descubierto al músico country Rascall Flatts o reencontrado con Bryan Adams.

Últimamente un buen número de músicos pop-rock se han dedicado a hacer canciones originales para películas infantiles: Phill Collins, Elton John, Bryan Adams (seguro que me olvido de alguno,) distinto de las canciones que ceden para películas de niños. Suelen versar de los valores más primarios en la vida de una persona, expresados de un modo sencillo y directo. Y, realmente, la música pop es precisamente eso: amor, amistad, lealtad, honor, identidad, etc, contados sin metáforas rebuscadas y con rimas simples.

En todo caso, se aprecia un salto considerable entre oír las canciones unidas a imágenes y hacerlo solo por el placer de escucharlas. Un ejemplo: el tema Here I am de la banda sonora de Spirit evoca los primeros años del cimarrón, cuando juega con la nieve o chupa un carámbano de hielo y se le queda pegado a la lengua. Todo eso sucede mientras de fondo suena la parte instrumental del tema. Es el poder evocador de la música, que, como los olores, te sustraen a otro mundo, a la magia del cine.

Y en la imaginación de un niño, música y cine se convierten en dos ingredientes para la fantasía. Ingredientes tan poderosos que sus ojos los dejan escapar cuando busca el camión Mack en lontananza, cuando se aparata ligeramente para que Spirit no le salpique la nieve recién caída o cuando sus lágrimas humedecen sus pupilas porque dos amigos se han de separar prometiéndose que siempre volverán.

Así que, de pronto, la imaginación y los sentimientos vuelven a tener sentido en ese cochino mundo en el que las únicas primas son de riesgo, en el que se tambalean hasta los valores, empezando por los valores bursátiles. En definitiva, la respuesta ha de estar en la mirada de un niño fascinado por sus juegos y sus ensoñaciones.

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