Para mí un buen concierto es aquel en el que cantas tanto que la música te transforma. Si además te sorprende, el concierto es grande. Pero si, encima te transforma para toda la vida, ese concierto es inolvidable.

Anoche estuve en un concierto inolvidable: the wall. Canté las letras desde if you should go skatng hasta tear down the wall. Me convertí en un alma única en medio de 13.000 espectadores. Me transformé en un alma ajena a todo menos a la música.

Roger Waters The wall

Luego vinieros las sorpresas: sonido, color, imágenes, figuras, una escenografía muy cuidada mientras el muro crecía y quedaba completado: goodbye. Una de las mayores supresas, sin embargo, fueron los guitarristas. Siendo un gran admirador del guitarrista de Pink Floyd, David Gilmour, me sorprendió la calidad de los solos. Especialmente el segundo de Confortably Numb desde lo alto del muro:

 

El diseño de sonido era bastante bueno. Parecía que te surgían helicópteros a tu espalda, ametralladoras y efectos de sonido.

En fin, un concierto, que durará mucho más que las dos horas que duró en construirse y derrumbarse el muro.

Y una duda: por qué fumaba todo el mundo? No estaba prohibido? “Y no dejas aire que respirar”…

 

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