(Continuación del post anterior)

En un atardecer de otoño en las ruinas de Cartago (Túnez) puedes mirar al mar y casi adivinar la Europa que empieza y termina en Italia; o puedes girar la cabeza y admirar el palacio presidencial y a su anfitrión, ya huido…

Y mientras en Europa (en Italia y España en particular, supongo) nos esforzamos por desprestigiar, no sin dosis de ignorancia, a nuestra clase política, en parte del mundo árabe se afanan por alcanzar la democracia, los primeros destellos de libertad en decenas de años:

Cartago

On our first flash of freedom, En nuestro primer destello de libertad
I called out your name grité tu nombre.
Love it is hard, El amor es difícil,
Like an overdue train como un tren con retraso
We felt so much more, sentíamos mucho más
Than our hearts could explain. de lo que nuestros corazones podían explicar
On our first flash of freedom. En nuestro primer destello de libertad.

Hay que tener en cuenta que hasta la fecha en Egipto y Túnez las protestas son exigencias pacíficas de libertad y democracia. Y eso es admirable. Algunos lo han comparado al desmoronamiento del bloque soviético, pero observo algunas diferencias interesantes:

1) La presencia de internet y la telefonía móvil, no solo para dar a conocer el mundo la realidad desde dentro de la revolución, sino para desplegarla como un movimiento cívico autoalimentado. Nótese que los líderes políticos han llegado del exilio con las propuestas en marcha.

2) La estabilidad social y política de los regímenes contra los que protestan. Es por eso que la exigencia es de libertad, democracia, que es lo más novedoso, además de trabajo y un mejor reparo de la riqueza.

3) Y, por último, el papel del ejército y la policía, que con una beneficiosa neutralidad, se muestran más próximas a las manifestaciones que a las fuerzas del régimen.

3) ¿En qué papel dejan, una vez, a las potencias occidentales que se han beneficiado de la estabilidad que proporcionaban?

La música, una vez más, como un canto de libertad, anticipa ese anhelo de la gente. Aunque no creo que en las medias de El Cairo o de Túnez, en las calles empinadas de Sidi Bu Said o de los balnearios Sharm el Seij dese escuche mucho Tom Petty, verlo desde Madrid a la luz de su música lo hace más sugerente.


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