Llevo ya cerca de cuarenta años en el mundo de la música rock y creo que me he ganado una reputación. Los fans me aclaman y los críticos me respetan. Mi carrera se consolidó en los años 80 con discos que se situaban entre la innovación y la tradición; tenía grandes hits pop y canciones rock, coherentes con una idea musical más amplia. Mis giras eran enormes: estadios, festivales, programas de televisión, entrevistas.

En aquella época componía cientos de canciones que grabábamos en estudios de todo el mundo, incluso en habitaciones de hoteles, desayuno incluido. Mi problema entonces era saber elegir de entre todo el material que tenía. Y las discográficas suelen ser reacias a sacar álbumes dobles, que era lo que yo quería entonces para evitar el problema del espacio.

Hoy poco queda de aquella productividad inconmensurable. Solo el recuerdo y los royalties. Pero mi carrera no ha acabado, pues retirarme sería un bombazo. Además están los contratos… Por eso envidio la determinación de Tucker Crowe, ese egoísta pero consecuente con su carrera ex rockero de Nick Hornby. Como el ministro que dijo que envidiaba al exministro.

Pero no retirarse o seguir, que no es lo mismo, exige tener un material mínimamente decente. Y eso es mas difícil de lo que desde fuera parece. Por eso lo hecho.

Un crítico ha escrito de mi último trabajo, que irónicamente quise llamar Don’t Look back, “un disco que en sus 11 temas rezuma madurez de uno de los artistas con el repertorio mas sólido del panorama de rock de los últimos 30 años. Y, de alguna manera, no se puede preveer (sic) dónde (sic) le llevará su futura carrera“.

Me troncho. Además de la estrafalaria y periodística manera de escribir, debo confesar que de las 11 canciones, 10 son recuperadas de los años 80, lo que deja en un pobre lugar mi capacidad creativa. Sopesé incluso la propuesta de la discográfica (otros que también han de convivir con su ya escasa capacidad creativa, qué coincidencia) en editar mi cuarto disco de grandes éxitos y adornarlo con tres o cuatro canciones “nuevas”. Bon Jovi ya va por el quinto. En fin, cualquier cosa menos un disco enteramente nuevo.

Por eso me hace gracia saber que ya era maduro a los 27 años, o lo inmaduro que puedo ser para los críticos a los 60. Mientras tanto, a seguir dándole a la maquinita, aunque ahora se vista de itunes.

 

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