Dando saltos de web en web. Buscando información general desde hace dos años y medio. Visto así, un poco de ansiedad sí parecía tener. Dos años y medio siendo bombardeado con noticias negativas, con datos en rojo, con gráficas con pendiente de descenso de más del 10 por ciento. Y ahora nos invade la melancolía. Desde entonces ya solo un poco de Azpilicueta y un pedazo de Parmesano Reggiano podían calmar la ansiedad al caer la noche.

Parmigiano

 

Me contó que tuvo una charla con un rockero de derechas y un empresario de izquierdas. Uno le decía que había que ceder ante la realidad y que para ser tan competitivos en la globalización como China no quedaba más remedio que quitar subsidios de desempleo y abaratar el despido. El otro, sumido en una melancolía indescriptible, asumió que quizás Europa no tenía futuro.

 

 

Claramente eso había agravado su dolor. Recuerdo que me dijo que se sentía como las Gymnopédies de Satie, verdadero “fondo sonoro” de su vida reciente. Era absurdo, su angustia era por Europa y todo lo que significaba. No tenía hijos, y con semejante amenaza jamás los tendría. De eso ya se encargaban los chinos, precisamente. Y, además, se ahorraba la molestia añadida de preocuparse por su futuro: sin descendientes, todo era algo más llevadero. Pero, ¿cómo podía sentir de manera tan personal las embestidas de los mercados a un concepto como el que representaba la Europa del bienestar?

Evidentemente ya no era un concepto. De alguna manera era como vivir en un videojuego. Me duele la tripa, voy a un médico de calidad que ya pago con mis impuestos, por ejemplo. Los Sims lo llaman.

Y recuerdo que me habló de Satie porque instantáneamente relacioné los desórdenes de la vida de los que hablábamos con lo que supuso la música del extravagante autor francés: “piezas ligeras pero atípicas que desafían deliberadamente numerosas reglas de la música clásica y la contemporánea”, según dice la Wikipedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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