El otro día vi en casa de mis padres un documental en Canal + (yo no tengo en mi casa más que la “TDT Party”, como la llaman algunos) sobre los primeros años de los Monty Python. Lamento no saber ni cómo se llamaba ni quién era el autor, ya que lo vi empezado y no puede terminar de verlo.

Vaya por delante que desde que vi La Vida de Brian soy un fan declarado de ese humor británico, a veces tan ácido. Pero allí se hablaba esencialmente de lo difícil que les resultó hacer “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada” en 1974, a través de entrevistas e imágenes del rodaje.

Pero una de las cosas que más me llamaron la atención es la relación que los Python tenían con sus financiadores. En primer lugar hay que decir que esta primera película suya se nutrió del éxito de ventas del “Lado oscuro de la luna”, de Pink Floyd, además de Led Zeppelin, entre otros. Este es un dato contrastado, ya que, además de mencionarse en el documental, Terry Jones lo ha dicho públicamente (y se encuentra fácilmente en internet): “…the very first showing of the film was in a theater in Soho for about 200 people. We had all our investors there: Led Zeppelin, Pink Floyd and various other rock groups. They’d all put money in” (El estreno de la película se hizo en un cine en el Soho con unas 200 personas. Allí estaban todos nuestros inversores: Led Zeppelin, Pink Floyd y otras bandas de rock. Todos habían puesto dinero).

Este dato me hace pensar que los Python y los Floyd comparten, además del dinero, semejanzas como romper en los años 70 con las instituciones británicas más sólidas. Además, impulsaron influencias mutuas entre el rock y el humor cultos de la época, basados en el compromiso social, la ironía y la iconoclastia. Les unen, por último, el hecho de ser grupos de éxito que han acabado separados por enormes diferencias personales, luchas de egos, tal vez.

Pienso en cualquier disco de Pink Floyd o en cualquiera de los gags de los humoristas. En este video que he encontrado en YT se ve la mezcla entre el “Ministerio de los Andares Estúpidos” y “Otro ladrillo en el muro”. Uno ironiza hasta el absurdo el formalismo de la administración pública (también se podría citar el “Sí, Ministro”, de Jay y Lynn de los años 80); otro rompe con la tradicional concepción de la educación reglada, que es seria y rígida en las Islas:

Me despido por hoy con ese toque de ironía y optimismo del final de la Vida de Brian, que es la gran aportación a la música popular de los Python. Cuando se interpreta en funerales y actos públicos se aprecia que la música pop-rock es uno de los elementos más importantes para la vida y la muerte de la gente, como este blog viene recordado desde que echó a andar:

 

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