Me robaron todos mis discos. Algunos eran CDs, muchos eran vinilos. Juntos sumaban más de 200 obras de arte absolutas de la cultura popular de los 60, 70 y 80. Como buen snob, me quedé sin los referentes de mi discoteca: Beatles, Dylan, Waits, Pink Floyd, The Pretenders, el primer Bruce, entre otras cosas. Las estanterías vacías me parecían como si te hubieran robado a tu novia (she´s the only one i got) en una versión real de un anuncio de ikea. Lágrimas.

Era el momento de demostrar que tenía buena memoria: empecé a tararear a una grabadora cada uno de mis álbumes. Me llevó semanas de fetichismo y chándal. Casi siempre tenía que repetir las grabaciones hasta la extenuación. No es fácil recordar con precisión las letras de los primeros discos de Tom Petty (por sencillas) y los arreglos de Supertramp (por prolijos).

Me fui dando cuenta de evidencias que afloran con el tiempo. Había muchos casos, pero baste un ejemplo, The logical song. Recordar bien una de las canciones más conocidas de Supertramp, mil veces escuchadas, representó caer en la cuenta del transcurso del tiempo:

When I was young, it seemed that life was so wonderful, a miracle, oh it was beautiful, magical Cuando era joven parecía que la vida era maravillosa, un milagro, que era preciosa, mágica.

but then they sent me away to teach me how to be sensible, logical, responsible, practical pero luego me mandaron a educarme para ser sensible, lógico, responsable, práctico.

And they showed me a world where I could be so dependable, clinical, intellectual, cynical Y me mostraron un mundo en el que era dependiente, clínico, intelectual, cínico.

Now watch what you say or they’ll be calling you a radical, liberal, fanatical, criminal así que ten cuidado con lo que dices o te llamarán radical, progre, fanático, criminal

Won’t you sign up your name, we’d like to feel you’re acceptable, respectable, presentable, a vegetable firma aquí, nos gustaría saber que te podemos aceptar, que eres respetable, presentable, un vegetal.

please tell me who I am Por favor, dime quién soy.

Dicho de otro modo, el robo de mis discos me envejeció. Me envejeció porque la música perdida era música del pasado. Pero también porque me obligó a reflexionar sobre mí mismo y el papel que había despeñado la educación, huérfano ya de mis recuerdos. Abandoné la idea de regrabar esas viejas canciones y acudí al corte inglés a comprar música nueva, aquello que escucharan los jóvenes ahora.

Pregunté, escarbé y googleé, tratando de huir de lo más comercial. No importaba dónde mirara en la escena alternativa, me di cuenta de uno hecho: quizás lleven nombres nuevos (The Raconteurs, Minus 5, Kings of Leon, Marah, Editors, Interpol, hasta los Decemberists…), pero el sonido recuerda a mis discos robados. 

Es como si vieses en cada esquina a tu novia con otros. Solo Radiohead me sonó valiente y novedoso. Sí, había envejecido. Mientras, el mundo ofrecía constantes versiones de sí mismo, tomando un venenoso elixir de juventud en forma de melodías, ritmo y actitud. 

Así que ya no le pregunto a las canciones quién soy como cuando era joven. Ahora yo le digo a las canciones quiénes son.

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