Sigo impactado. Me entero de una noticia leída en el “Periodista digital, el chiringuito del ínclito y ubérrimo Alfonso Rojo…” (aunque también lo he visto este fin de semana en la prensa) que da fe de que el Vaticano ha divulgado el  decálogo de la mejor música moderna, los diez mejores discos de la historia del pop y del rock para “sobrevivir a la marea creciente de canciones festivaleras”.

“Un manual de resistencia musical podría ser útil en esta época del año en el que, además de tener soportar los rigores del invierno, tenemos que soportar una ola creciente de festivales musicales”, en referencia San Remo. Yo, por lo que veo en la lista, predominan grandes discos de los años 70 y 80, con lo cual deduzco que el que al asesor musical vaticano que han encargado confeccionarla debe de tener entre 40 y 50 años.

Ahora bien, creo, como un Dan Brown cualquiera, que he descifrado el Código DaVinci de esta lista. El top ten Vaticano, comentado:

1. Revolver (The Beatles): clara alusión a la resurrección. Aunque sea el disco más psicodélico y experimental de los Beatles (los escarabajos, referencia a los coptos egipcios), el asunto de la resurrección es Top 1 para los católicos.

2. If I Could Only Remember My Name (David Crosby): si solo pudiera recordar mi nombre… claro, llamándote Benedicto, ratzinger, etc, es un lío.

3. The Dark Side of the Moon (Pink Floyd): la cara oculta de la luna, esa zona en sombra de la creación, ese fallito de fabricación, marca de la casa. Con el tema “the great gig in the sky” y esa portada con el triángulo. Y, por supuesto grabado en Abbey Road (la calle de la abadía). Y este es el aspecto del ingeniero que capitaneó la grabación: 

4. Rumours (Fleetwood Mac): esta elección me desconcierta. Aparentemente se trata de un mero disco muy comercial, aunque de gran calidad. Pero si uno escarba en cómo se confeccionó está más claro: es la obra de dos parejas que atravesaban problemas conyugales (Buckingham y Nicks por un lado, y los MacVie por otro, estaban en proceso de separación). La familia, ya se sabe.

5. The Nightfly (Donald Fagen): este es un disco de calidad, optimista y lleno de buenas intenciones. El ex Steely Dan, con la gran voz de Michael McDonald, firmó un álbum “divino” con los grandes apósteles de la música AOR. What a glorious time to be free!, canta Fagen.

6. Thriller (Michael Jackson): apelar al miedo, a lo desconocido, siempre ha funcionado. Además, Michael ya está en los cielos.

7. Graceland (Paul Simon): clara alusión a África, el continente olvidado y aquí denominado algo así como “tierra santa” o tierra agraciada. Aparte de eso, el disco es una joya.

8. Achtung Baby (U2): esta elección es clara: representa la resurrección del grupo (casi reinvención, y contiene temas como One (somos uno, pero nos iguales, cantan)  y Mysterious ways… y sobre todo “until the end of the world”, una conversación entre Jesucristo y Judas.

9. (What’s the Story) Morning Glory (Oasis): homenaje a la tradición musical del Britpop. Tiene grandes canciones muy populares, como wonderwall. Lo que pasa es que su relación religiosa no está tan clara porque está justo en el título: amanecer glorioso.

10. Supernatural (Carlos Santana): este disco es un giro comercial del espiritualismo de Carlos, con la ayuda de grandes artistas. Veo en este disco un gesto hacia Latinoamérica.

En fin, nada hay casual en la viña del señor. Y con esta lista, creo que la diplomacia vaticana acierta con una lista ecléctica y dada al ecumenismo musical. Por supuesto que se pueden añadir o quitar. Esto es como la selección de fútbol. Pero en mi opinión, desde el punto de vista del que ha confeccionado la lista, esta es impecable. Y con mensaje…

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