Cuando se mezclan el olor a mandarinas, la música callejera y los best sellers sabes que estás en el metro de Madrid en otoño. Podría ser cualquier otro lugar, pero a diferencia de otros metros que he conocido, en el de Madrid a todo el mundo le interesa lo que haces. Si pudiésemos leer el pensamiento, no habría analfabetos en esta ciudad.

Por en este caso, supongo que me dejarían escuchar mi ipod tranquilamente. La primera vez que oí hablar de The Unfinished Sympathy fue en Radio 3. Una vez asumido que queda muy bien decir que escuchas esa emisora, el equivalente a los documentales de la 2, confirmo que es cierto: en el programa matutino en 2006 o 2007 anunciaron la salida de su recopilatorio We push you pull.

Y después supongo que grupos con este – alejados del marketing – deben agradecer algo a las descargas ilegales. Me bajé un puñadito de temas y especialmente quedé prendado especialmente de No key to anydoor. A continuación compré sus discos. Lo mismo me pasó, por cierto, con Deluxe, Hoobastank, Interpol, Glasvegas y tantos otros.

He comprobado que a mucha gente (quizás no demasiado, después de todo) le ha pasado lo mismo con este grupo barcelonés. Invariablemente se dice qué grupo más bueno, qué calidad, pero qué desconocidos son. Contribuyo humildemente a su difusión colgando subrayando que tienen disco nuevo “avida dollars” (título bellamente contemporáneo y dalineano para un disco sencillamente delicioso, auqnue ni surrealista ni deseoso de dinero), que se puede conocer en su web de MySpace sin descargar ya, y colgando su canción más popular, creo: spin in the rye.

Guitarras afiladas, letras alejadas del amor que exploran lugares poco frecuentados por el pop-rock, partituras no lineales, base rítmica sólida, recuerdan un poco a The Police, la verdad.

Ahora el dilema es preservar su calidad de la fama, negándoles el pan y los relojes caros o difundir su música hasta que se hagan tan célebres como otros, pero justamente…

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