Hola a todos. Soy Marco (sin ese), el hijo de casi dos años de Israel. Hoy os escribo yo este post porque mi padre está dormido, aquí en la habitación de este pequeño hospital madrileño. Y yo, que soy la causa por la que él está aquí, también estoy bastante cansado. Pero sobre todo estoy harto de estar aquí encerrado, con este catéter conectado a un tubito que, a su vez, pende de un botecito translúcido con aguas medicamentosas.

No estaríamos aquí – mi madre y mis abuelos también vienen mucho por esta habitación – si no fuera por una causa fundada. Lo que pasa es que no deja de ser un rollo tener la vesícula inflamada por un virus. Ya. Típico de los médicos. Casi todo es por un virus. Y como soy un bebé no puedo explicar que esta coleocistitis me da la risa. Si la vesícula no sirve para nada. Con todas las vías, extracciones y alguna sonda que me han metido por el pito, más me hubiera valido que me la extirparan.

El caso es que me siento encerrado. Como un preso, en realidad. Por eso estuve tentado de titular este post con la mítica versión de Elvis del “rock de la cárcel”. Pero en instituciones penitenciarias se iban a mosquear seguro. Ya sabéis un niño que denuncia a las instituciones es más peligroso que uno de esos virus – informáticos, informativos o no.

También pensé en Stuck inside a mobile with the Memphis blues again de Bob Dylan, pero me pareció demasiado inespecífica. Blonde on blonde es un gran disco, pero le gusta más a mi padre que a mí. Eso, aunque muchos ratos me siento como encerrado en una caravana o simplemente encerrado.

Pero la que más me gusta es Hospital de los Lemonheads. Es una canción muy sencilla y breve. La parte que más me gusta es cuando dice you gotta stay in bed… de esa manera tan chinchona. Es lo que me dicen todos aquí cuando grito mirando la puerta “abrir!”

Seguro que ya el viernes me dan de alta, una vez concluya el tratamiento intravenoso. Gracias a todos por vuestro afecto. Por cierto, el viernes es mi segundo cumpleaños!

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