Ayer me puse frente al espejo y me parecía que era otra persona. O pero, mezcla del yo que conozco y del yo que ignoro. Realidad y ficción. O ficción a secas:

El tipo que se sentaba a mi lado en el vagón del Cercanías no quitaba ojo de mi ejemplar de “Libro de desasosiego”.

– Es quizás uno de los diez mejores libros del siglo XX – el tipo era pequeño y hablaba con marcado acento inglés.

– Supongo, solo lo paseo. Pessoa impresiona a la gente. – como por arte de magia, el hilo musical del tren pasó de una pieza de Sansón de Dalila de Sant-Saens a una batería y una guitarra muy distorsionada, seguida por un teclado. Era Uprising de Muse.

– La he escrito yo y el que canta también soy yo. Es de mi último disco, The Resistance – dijo, meneando ligeramente su afilada nariz. – En realidad no sabes si estás más engancha a la música o a las letras, eh? Por eso estoy aquí. Por cierto, me llamo Matt.

No fui capaz de responder más que con el silencio. Para entonces todos los pasajeros estaban siguiendo con curiosidad nuestra conversación, como si fuera un rialiti.

–    Es un tema sobre la desconfianza general en los banqueros, multinacionales y políticos. Lo que pasa es que lo trato de decir de manera poética, eso es lo que te atrapa. Escucha: “tratarán de drogarnos para mantenernos atontados, para que nunca conozcamos la verdad. Otra mentira empaquetada para que sigamos enredados en la avaricia”. Y, espera, lo que más te llama la atención es esto: “y burocracia infinita para mantener la verdad oculta”. ¿A qué es contundente?

–   No sé qué decir, Matt – me pareció ver en el asiento de al lado a Bob Dylan, a George Orwell y a García Lorca. Y más allá, apunto de bajarse en Recoletos, a unos cuantos poderosos de los que solo recuerdo sus rostros de las páginas salmón.

–   No te preocupes. La clave es resistir. Así que venga, que no nos fuercen, que no nos controlen, saldremos victoriosos. Es el momento de retomar el poder y de que los peces gordos les dé un ataque al corazón.

Dicho esto, Matt y los demás se bajaron en la Puerta del Sol y desaparecieron en la multitud.

El espejo volvió a estar ahí. Vivir es acudir una y otra vez a tus momentos felices. Musicalmente hablando, escuchar música es una búsqueda constante de los discos que marcaron tu juventud.

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