Tengo que confesar que soy de la generación del CD. Cuando empecé a escuchar música intensiva y conscientemente comenzaba a consolidarse el CD a los hogares. Por eso tengo poquitos vinilos (en un armario), muchas cintas (en una caja, muchas de ellas recopilaciones y copias, entre otras cosas para inútilmente ligar) y muchos CDs. Aunque es cierto que ahora ya tengo más mp3, también es cierto que es porque hoy puedo comprar más en itunes y porque este formato es como la gripe A: se contagia fácilmente de ordenador a ordenador, aunque sus efectos son leves.

Recuerdo perfectamente la llegada del CD en casa de mis padres, como recuerdo la del VHS o del DVD. Pasar del vinilo al disco compacto era una revolución que pasaba de escucharse los saltos de la aguja por los surcos y las motas de polvo a la nitidez metálica de la caricia del láser. Más tarde nos quejamos de que es un sonido menos completo que el del vinilo tradicional, pero ya se sabe que nunca estamos satisfechos. Y lo cierto es que el mismo CD lo puedes escuchar en casa, en el coche o el discman, mientras que el vinilo solo se puede poner en casa. Vamos que no me imagino a mí mismo cargado la “vinilera” del coche antes de salir del garaje.

Los dos primeros CDs que recuerdo que escuchamos en casa fueron The Joshua Tree de U2 y So de Peter Gabriel en 1987. Música de calidad, eso es innegable. Del primero qué decir que no se sepa ya: yo mismo he escrito ya sobre With or without you, que acompañaba a I still haven’t found o Where the streets… Pero de So creo que se ha escrito poco. Del disco de U2 hay una reedición especial 20 aniversario (que me compré en recuerdo de esos momentos de los primeros CDs) y en la wikipedia tiene un artículo específico. Al de Gabriel no le ha pasado lo mismo, y eso que contiene joyas como Sledgehammer y, sobre todo, Don’t give up.

Pero me centraré en el momento en que en el salón de casa, resplandeciente por el nuevo equipo Denon que reproducía CDs, empezó a sonar, por primera vez en formato digital el chacston primero, el bajo después y el resto de la percusión hasta que evoluciona con Gabriel cantando “red rain is coming down”. No puedo imaginar una avenida más adecuada para la era del láser.

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