Llevaba meses sin llover en Madrid. Ya nos vamos acostumbrando sin darnos cuenta. Y más de uno dirá que algo de bueno tiene el cambio climático que evita el engorro de mojarse a pesar del paraguas y que la playa estará en breve en Albacete, que aún no está alicatado como la costa original.

 (Por cierto, aún me río cuando escribí en un documento más o menos serio por error “cambio cismático”)

Llovía pues en Madrid y, para más señas, llevaba prisa. Aunque esto no es culpa del cambio climático (aunque sí causa, ya que más velocidad igual a más consumo, consumo de todo, entiéndaseme), es igual de engorroso. Así que me apresté a tomar un taxi. Hacía meses que no me sentaba detrás de uno de esos berlinas blanquitos.

Levanté el brazo tímidamente y con el puño ni cerrado ni abierto, que luego le tachan a uno de radical. Se apagó la luz verde y describí mi destino. En ese momento, terminaba la frase un locutor deportivo y comenzó a sonar No Surprises, lo prometo (lo juraría, pero no quiero molestar a nadie):

Me pareció increíble, por lo que entendí que era una señal, como si fuera un protagonista de Perdidos en un flash back o en un flash forward, tanto monta. Lo siento, esto un poco paranormal últimamente, pero estaréis de acuerdo conmigo en que mola más pensar así que simplemente en una burda casualidad.

Al principio pensé que era una cabecera para que el locutor hablara del Getafe, por lo que me incliné para ver el RDS y averiguar qué emisora profanaba esta pedazo de canción antes de hablar de peloteros (detesto la “intelectualización” del deporte e intentos no faltan).

Pero no, era la canción entera. Por lo que me volví a inclinar para, ahora sí memorizar la emisora: ESRADIO (que, muy acertadamente el Word – la mayúscula se la pone él mismo – cambia por “estadio”), ponía la radio Pioneer, disponible solo en grandes superficies y en talleres de tuneado. Para más señal o flash back, el taxista vestía pantalones de camuflaje, había unos guantes de boxeo colgados del retorsivos, y llevaba un pendiente negro de colmillo de tiburón y una enorme araña pegada en el parabrisas, con el consecuente espeluzne de quien bloguea.

Cuál fue mi sorpresa (de ahí lo de la señal) al recordar que esa emisora es la nueva de Jiménez Losantos. A este señor le tengo la manía estándar de ciudadanos moderado, más un plus por llamarme “funcionario josué o jerusalem”, según me dijo mi padre que había dicho. Algún día contaré por qué.

Así que me hundí en el asiento, sintiéndome observado por la araña como si me quisiera devorar (como a Robert Smith (The Cure) en su famoso vídeo), pensando en las ironías de la vida madrileña un día de lluvia.

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