Estoy de vuelta tras las vacaciones. Y mientras atravesaba Extremadura me compuse este primer post de la temporada. Pensaba, mientras sonaba Dogs de Pink Floyd, que para mucha gente de mi edad ya no existe la “canción del verano”, ese viejo concepto giorgydanesco que tachuelaba las vacaciones.

 Ahora tengo la sensación de que primero, escuchamos menos música y, segundo, la que escuchamos (en el coche por ejemplo) es repetición de la que escuchábamos cuando podíamos escuchar música de verdad, cuando éramos adolescentes.

 Vamos a ver: ya no tenemos tiempo de estar a solas en una habitación. Ahora están los niños viendo Pokemon o Cantajuegos… ya no hay escapatoria para un padre/marido/amigo/hijo a solas escuchando el walkman. Cuando era adolescente sí que podía tirarme en la piscina, en un rincón ventilado a dar vueltas a las cintas cara a cara b cara a cara b. Ahora es imposible. Este verano me he conformado con robar ratos de lectura, que la verdad, aísla menos y da una imagen más madura.

 Así que inevitablemente escuchamos menos música. Pero lo peor es que la que escuchamos la oímos, nos la hacen oír en bares, chiringuitos o cualquier lugar que vistamos. Y claro, eso no es serio. Al final acabas entregado a las modas y tus actos de rebeldía son batidas contra molinos, con el serio riesgo de pensar como Pablo Baloo Miralles (“Lo mejor que le puede pasar a un cruasán”) que con los viajes la música es el mayor engaño de la humanidad.

En este sentido, destaco I’m yours, una cancioncilla al estilo Jack Johnson que ha amenizado eficazmente algunos aperitivos de calidad y supongo que habrá pasado a la historia personal de un grupo de amigos por sonorizar un montaje de fotos verdaderamente bonito.

Y como complemento de eso, cuando tenemos una ocasión de pinchar algo, creo que hay una tendencia a estas edades a volver a los clásicos de entonces. Al que le guste, por ejemplo, Simon & Garfunkel, cuando conduzca por la AP36 tenderá a ponerlos cuando los niños duerman. Al que le viciara en su momento Dire Straits buscará making movies (por cierto, Roy Bittan me dijo que se lo pasó muy bien haciendo ese disco) y así sucesivamente.

 

Solo algunos osarán poner cosas nuevas. Yo por ejempló intenté poner en esos momentos Mando Diao o The Rumble Strips y solo logré escucharlos cuando iba a por el pan y la prensa. Es decir, en momentos sueltos. Pero cuando dispuse de esos grandes momentos de asfalto y silencio volví a mi carpeta de “classic rock” en el pen drive con Pink Floyd (qué bien envejece Wish you were here), Genesis, Van Halen o Pearl Jam (por cierto, nuevo disco pronto). Y eso que presumo de interés por conocer cosas nuevas siempre. Pero sobre lo fugaz de los deseos ya he escrito…

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