Mis hijos son una de mis recientes preocupaciones. Una de las preocupaciones que más me interesan es qué herencia musical les dejo. Como en otros tantos asuntos, los padres rebuscamos entre lo que sabemos como hijos.

 Esa herencia se va creando con los hábitos diarios. Creo que es la música que uno escucha cotidianamente en su casa cuando es pequeño la que va moldeando tu gusto de adulto. Me acuerdo de esta premisa, que en mi caso ha funcionado, cuando estoy con Laura y con Marco.

 Frecuentemente recuerdo la música que ponía mi padre en casa o en el coche. Y mucha de la que me gusta (o está en los cimientos de la que yo luego descubrí y nutre los posts de este blog) es aquella que escuchaba mientras jugaba en el suelo del salón de casa con los clicks y los coches que llenaban los tambores de detergente Colón o en los interminables  viajes a la playa en verano. Tengo muy presente a the Beatles, Pink Floyd, Peter Frampton, Alan Parsons, Serrat, música de la Motown y un largo etc. Tengo que agradecer a mi padre que no le gustaran Mocedades, Perales o Julio Iglesias, que es la música que otros escuchaban. Eso sí, en las fiestas y reuniones con amigos no me sé la letra de ninguna canción de Rafaela Carrá, el Dúo Dinámico, Nino Bravo… No se puede tener todo, supongo.

 De todas formas, descubro que la mayor influencia en la afición musical de los niños se encuentra en el colegio y sus profesores. Es así como han llegado a Yellow Submarine y Tenía tanto:

 “Yellow submarine” es un clásico intergeneracional. Lo confirma el hecho de que es de las primeras canciones que mi hija aprendió en la guardería. Cuando la escuchó en casa la reconoció al instante y dijo algo así como “¡esa es de mi cole!” Yo podría decir, “¡esa es del coche de mi padre!”

Por otra parte, “tenía tanto” es una canción muy popular estos días. Nena Danconte ya han conseguido un par de éxitos. Pero, según me consta, esta canción hace furor entre los niños, que memorizan fácilmente su estribillo. A Laura esta canción se la enseñó mi mujer, su madre.

 El otro día, sin ir más lejos, la radio sonaba en el coche. Nadie la hacía caso. Se escuchaba, una vez más, esta canción. En el asiento trasero Laura empezó a cantar a pleno pulmón el estribillo despreocupada, mirando por la ventanilla los coches pasar. Fue una escena tan tierna como sorprendente: aún no había cumplido 4 años. En cierto sentido, yo vi a la adolescente que se encerrará en su mundo, anticipada varios años.

En fin, supongo que nuestros hijos nos juzgarán y esperamos su indulgencia, mientras disfruto y cuido de mi “herencia”.

Por cierto, Laura, ¡feliz cuarto cumpleaños!

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