El verano de 1995 conocí la música de Saliers y Ray en un coche prestado en Suiza. Elena puso Power of two y desde entonces su letra me recuerda aquellos días (muy adecuada para excursiones, por cierto). Trabajábamos como monitores en un colegio y era nuestro día libre. Para siempre los momentos inolvidables de aquel verano en Villars con Fede y los demás han quedado tachuelados con la música de Indigo Girls.

 

He seguido con devota fidelidad su trabajo hasta el último, publicado hace un mes, de extraño título y contundente calidad. A veces pienso que la discografía de las Indigo es como la filmografía de Clint Eastwood: consistencia y calidad, altibajos dentro de un nivel inusual. Melodías, armonías vocales y, sobre todo, letras comprometidas que van creciendo como referentes en la cultura popular. Para muchos ya lo han hecho. Y a pesar de que ciertamente son un incono gay (sus armarios están vacíos), solo hablan de su homosexualidad (más bien de cómo “lo más difícil de aprender fue lo menos complicado”) en una canción.

 

En el resto hay imágenes indelebles: las mil veces que me he preguntado “quien confiere el poder de interpretar el Calvario” (hey jesus) a los “roucos”; “ver” los melocotoneros “grapados” en las fincas de Atlanta (southland in the spring time); descubrir que “la oscuridad tiene un hambre insaciable” (closer to fine); conocer gente que “podría morir por mil causas esta noche, mientras que yo solo puedo pensar en dos” (mystery); o algo que, en mis antaño frecuentes viajes por el mundo, pensaba cuando “estaba solo en una habitación de hotel y escurría el cielo pero no salía ni una estrella” (language or the kiss). Alguien dijo alguna vez que es música “de tías”. “Pos vale…”. A mí, estas músicas y letras me han acompañado siempre en mis tarareos secretos. Una frase bien hecha se queda rondándote un tiempo (algunas parece que para siempre). Y cada vez significan cosas distintas, según tengas experiencias distintas. ¡Es magia!

 

Como tenía que elegir una canción de excusa para este post es Galileo, por aquello de darle un toque de actualidad y hacerla coincidir con el año de la astronomía. Además, es una de sus canciones más coreadas y con la que suelen acabar esos conciertos que aquí jamás veremos.

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