Hace un año murió uno de los mejores y más originales guitarristas de la historia del blues-rock, Jeff Healey. Ciego como consecuencia de un cáncer raro (retino blastoma), tocaba con la guitarra apoyada sobre sus rodillas. De esa manera era capaz de sacar sonidos increíbles con sus solos vertiginosos dirigidos por el pulgar. Su calidad le permiten entroncar directamente con los guitar heros blancos del blues como Steve Ray Vaughan, Eric Clapton, Jeff Beck, Gary Moore o Carlos Santana. Tenía 41 años.

Cuando murió de cáncer de pulmón, en marzo de 2008, me enteré en la Sierra de Cazorla (Jaén) en el periódico. Nada más, nadie más dijo nada. Una ráfaga de viento recorrió, lejos de Toronto, los olivos y pinares para que él pudiera llevarse una última ovación, discreta pero inolvidable. Mejor eso que mil páginas de periódicos escritas por periodistas que nunca escucharon su música.

De su escasa discografía blues-rock he elegido esta canción, escrita por Mark Knopfler. Y debo decir que me gusta más la versión de Jeff. Dejo aquí las dos, la de Mark con Eric Clapton. Pero en sus discos hay joyas escondidas. La más conocida es la de la banda sonora de Roadhouse Blues, película de Patrick Swayze, o Angel Eyes.

Más recientemente el rock le debió de cansar y se entregó a tocar la trompeta con un nuevo grupo de jazz. Y su viuda ha denunciado la edición de un disco de grandes éxitos no autorizada.

Lamento no haber tenido la ocasión de verle tocar en directo. Hubiera sido un espectáculo, pero no fue posible porque en España hay una serie de músicos que nunca tocarán porque no interesan. Y así es imposible que vengan Tom Petty, Indigo Girls, John Mellencamp, etc. Deberíamos estar en el G20 de la música, y no lo estamos.

Me imagino que un estadounidense de Wisconsin amante de la música de El Canto del Loco (por ejemplo, ya que los conoció cuando vino a Salamanca a aprender, mal, español) pensará lo mismo: “nunca vienen al condado de Fond du Lac los grandes artistas internacionales”. Pues eso.

Anuncios