– ¡Mira, Papá, este cuento es yellow! – exclama mi hija Laura de casi 4 años.

Esta canción del post de esta semana no es nueva. De hecho es un tema del primer disco de Coldplay, del año 2000 (en Parachutes), de cuando no salían en los 40 o en Kiss TV. Hoy, para muchos, son unos “viva la vida” (o la visa).

A mí me gustan mucho igualmente. Pero tengo que reconocer que a Yellow llegué indirectamente. Fue cuando la volví a escuchar en directo en el concierto de octubre de 2008 en Madrid, junto con mi amigo Quintas. Fue él quien me señaló lo gran canción que era, y el público que es una de los clásicos de los de Chris Martin. Aquél se convirtió en un momento mágico en un concierto de confetis y oeoeoeoeoeeees. Y desde entonces me ronda como una vocecilla misteriosa.

Como mi hija Laura aprende muchas canciones y frases en inglés en el cole, de vez en cuando te espeta frases así. Siempre con una capacidad de hacer lo obvio fascinante, lo más evidente sencillamente real. Y a mí con Aquila exclamación, me dio por entonarle los primeros versos de Yellow: look at the stars, and how they shine for you and everything you do. Yeah, they were all yellow.

No debería sonrojarme al comprobar que una canción que me gusta mucho y que, por lo visto, ocupa el puesto 290 de las “1000 mejores canciones de siempre”, es perfectamente válida para que los niños la canten en el cole para aprender el otoño, las estrellas o el color amarillo.

Será mi versión a capella, pero Laura siempre me exige que me calle. Por eso me quedo tarareándola a solas. Seguro que si se la cantara cualquiera de sus profes a ella le encantaría la cancioncilla.

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