La música pop sirve para muchas cosas, sobre todo si te gusta. Pero si eres el primero en presentarte delante de tus cmpañeros de clase a los 16 años con un éxito que solo conoces tú, eres el rey. Y está claro que 1989 no es 2009 en cuanto a difusión de la música pop.

Volví de pasar el verano en Inglaterra con una cinta de cassette de un grupo con nombre raro: “Transvision Vamp”; con una canción pegadiza y nihilista: “Baby, I don’t care”; y si forrabas tu carpeta con una foto de una rubia semidesnuda en blanco y negro (Wendy James), en el colegio de curas eras alguien.

No creo que fuera buena música. Sí era provocativa y, sobre todo, distinta. Así que era adolescente.

Desde luego no era lo único que aquel año escuchaba. Me gustaba mucho por entonces The Who. Recuerdo cargar con mi walkman y escuchar Quadrophenia o Who’s better who’s best. Era una época en la que aún no entendía por qué la República Democrática de Alemania no era la democrática y la Federal sí, y cosas por el estilo. Pero aquel riff y aquellos gritos de Wendy, como metáfora de una actitud, guardan un lugar especial en mis recuerdos. Para eso sirve también la música, ¿no?

La semana que viene, un clásico: “Taking on the world”, de Gun.

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