Te podría haber pasado a ti. Si en 1987 eras un adolescente, entonces seguro que te sucedió a ti. Y si estuviste en algún lugar del sur de Inglaterra aquel verano, entonces no sigas leyendo: ya conoces la historia.

 Entonces había tres canciones imprescindibles y, claro, a todos nos encantaban: “La isla bonita” de Madonna; “Don’t leave me this way”, de Communards; y, “With or without you”, de U2. Hoy, más de 20 años después, aún suenan en Kiss FM.

 “La isla bonita”, con ese título tan “latino”, incitaba a los estudiantes españoles alardear de acento. Por eso cuando llegaba el estribillo (la islaaa boniiita) elevábamos la voz orgullosos, mientras que el resto seguía siendo indescifrable. Era marchosa, pegadiza y carismática (aunque Madonna, por aquel entonces, no era más que una ochentera rubia platino), pero sobre todo estaba rotundamente de moda. Curiosamente hoy su letra me suena muy apropiada para este blog: “it all seemed like yesterday, not far away…”. Última curiosidad: solo recientemente he aprendido que la isla de la Palma se llama La Isla Bonita. Y aunque dicen que recrea una isla cerca de Belize, también hay un San Pedro en la Palma, dudo que Madonna se haya inspirado en él tanto como para haber soñado con esa villa anoche.

 La de Communards no le iba a la zaga en popularidad. (Jimmy Sommerville, el cantante, debía de llevar calzoncillos muy ajustados. Ved sino el vídeo que adjunto donde hace falsetes imposibles). Si la canción de Madonna era la excusa para soñar, esta te arrastraba hasta la pista de baile. Y cumplía su función con creces.

 

 

Después venía el anticlímax, la lenta. Y ahí, en el verano de 1987, U2 arrasaba con With or without you.

 

 

 Los idiomas siempre se me han dado bien. No en plan empollón, sino de enteradillo, ya sabes. Entonces se llevaba pedirle al pincha canciones. Pero cuando eres un chaval de 14 años y es la primera vez que sales de tu casa y, sobre todo, estás alelado por una chica, tu acento del sur de Inglaterra no sirve para nada.

 Se llamaba Marina. Era morena y, supongo que era igual de pardilla que los demás, aunque siempre las versiones femeninas de los adolescentes son bastante más llevaderas. Recuerdo que acostumbraba a llevar las manos metidas en los bolsillos traseros de los levi’s, palmas hacia fuera. Desde el principio me fijé en ella.

 Y recuerdo perfectamente el momento: se iba a acabar “Don’t leave me this way” y ella se me acercó para pedirme que le pidiera al DJ With or without you. Yo, que soy un bien mandado y, sobre todo, sabía cómo se decía, pido la canción de amor donde las haya. Llena de metáforas e hipérboles (I can’t live w. or wo. you). Y sobre todo esas atmósferas que los arpegios de The Edge consiguen, gracias también a la producción de Brian Eno.

  

 El pincha la pone y yo me quedo, de pie, pensando “¡misión cumplida!”. Y a continuación me siento a escuchar “mi canción” mientras ella permanece de pie envuelta por una de esas horteras nubes de humo de discoteca, tan de los años 80. En ese momento el DJ me mira y me increpa desde su pecera, sorprendido que le pida una canción y no la baile. Me sentí como un bobo, pero la timidez es más fuerte que la vergüenza.  

 W or WO es una gran canción y The Joshua Tree un álbum mágico, lleno de sonidos y melodías eternas. Recientemente me compré la edición “Deluxe 20 aniversario” y allí seguían los recuerdos de aquel verano de 1987. Supongo que ese es uno de los valores más importantes de la música pop-rock: almacenar tus recuerdos de quien has sido. Lo malo es que hoy esta música está por todas partes, sin pedirla, sin quererla. Como si fueran persiguiéndote con tus álbumes de fotos de hace más de 20 años en los ascensores, dentistas, coches, etc. Habría que prohibir esa intromisión constante en la vida privada.

 

 

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