Run – Indigo Girls – comentarios (críticos) a La civilización del espectáculo de Vargas Llosa.

Zas, zas, zas.

Comienzo a correr y las zapatillas golpean el suelo mientras suena un suave rasgueo de púa. Correr es un estado de ánimo, no una forma física. Se confunden, pulsaciones, pasos y púas.

Me acuerdo de Murakami, y de Vargas Llosa. El verano pasado me embriagué con las “huachifadas” de la “Niña Mala”. Este toca La civilización del espectáculo (Alfaguara 2012), del mismo autor.

Hoy me concederá el lector la licencia de exceder las 500 palabras que constan en el contrato mutuo de este blog, en parte por las citas del libro. Además, ya hablé de este asunto hace poco, así que pido clemencia de antemano. Empiezo, sin embargo, resumiendo mucho: el premio Nobel sostiene que la cultura en nuestros días se ha banalizado hasta convertirse en una “agradable manera de pasar el tiempo”. Y agrega, “si termina por ser solo eso se desnaturaliza y se deprecia” (págs. 35 y 36).

En el libro Vargas va desgranando dimensiones culturales como el arte, la literatura, la religiosidad, las drogas, el sexo… y la música, a la que menos especio dedica. Me aventuro a pensar que porque es la que menos conoce un señor de 76 años (¡y eso que ha vivido en Londres y en Nueva York!). Probablemente lo que conozca de la música rock será a través de los medios de comunicación, cuyos mecanismos él mismo denuncia: “las noticias pasan a ser importantes o secundarias sobre todo, y a veces exclusivamente, no tanto por su significación económica, política, cultural y social como por su carácter novedoso, sorprendente, insólito, escandaloso y espectacular” (pág 54). Dudo que haya hecho el esfuerzo que dice haber realizado en otras disciplinas.

Vaya por delante que comparto muchas de las reflexiones que hace sobre la cultura en nuestro tiempo, en parte porque es una abstracción certera de la posmodernidad. Discrepo, sin embargo, de cuando califica, apoyándose en TS Eliot, de que la música es “un campo de estridentes vibraciones” (pág 22).

Aunque él no haga mucho hincapié en ello, la cultura vive las consecuencias del hiperdesarrollo del mercado: mercantilismo, estándares accesibles al gran público, rentabilidad, principios que eran ajenos a la creación cultural tradicional, anterior al siglo XX. De hecho, él mismo es un producto de esa situación, aunque en calidad literaria esté muy por encima de la media.

Una de las líneas argumentales del autor es que “el entretenimiento pasajero es la aspiración suprema de la vida” (pág. 59). Estoy de acuerdo, pero la “vulgarización” que trae el mercado desde el final de la segunda guerra mundial, el entretenimiento tiene un precio (de ahí quizás el hachazo del IVA recientemente decretado). Por tanto, un valor social y cultural también. Y si quiere canciones de combate que busque en las discografías de Roger Waters o Steve Earle.

Pero volvamos la música. Precisamente este verano los Rolling Stones cumplen 50 años desde su debut en el Marquee de Londres. No son un grupo de rock, son una institución que ha inspirado a varias generaciones. Y por inspirado me refiero a divertir, llenar e intensificar sus emociones, unir y separar amistades, acompañar en los mejores y en los peores momentos… en fin, forman parte de sus vidas. Y como los Stones, innumerables músicos.

Hacer música rock es muy fácil. Cualquiera puede aporrear un instrumento y pasárselo en grande (de ahí Money for nothing de Dire Straits), lo mismo que escribir un blog como este, pero perdurar, hacer una carrera y ser un referente, es otra cosa bien distinta.

Por eso, pienso que Vargas mete en un único y peyorativo saco toda la música. No se detiene en distingos, como sí hace con la literatura (la buena, clásica, y la mala, el best seller, que por lo demás comparto). Debe comprender que el panorama musical es vastísimo. Hay grupos y tendencias para todos los gustos. Y con su propia dinámica que nadie conoce, unos perdurarán y otros no. Por eso rechazo el reduccionismo malintencionado que el autor lleva a cabo con la música pop-rock, sin apenas dedicarle espacio en su libro. Se lleva por delante creaciones valiosas, unas que están en la mente de todos (imagine, de Lennon o Bridge over troubled waters de Simon y Garfunkel, por citar dos) y otras más personales y ocultas (Yoke, del último disco de Indigo Girls o Burn and shine de The Posies, por recurrir a otros dos, obviando a Dylan, Springsteen o Cohen). Los que amamos la música, que vertebra nuestras vidas (al menos, la cultural), debemos levantarnos para defenderlo al propio tiempo que exijamos calidad en la creación musical.

Zas, zas, zas.

Especialmente en los últimos 5 años han surgido actos musicales despreciables. La música popular se banaliza, como diría el propio Vargas Llosa, como consecuencia de las redes sociales y los nuevos canales de comunicación. Youtube (el canal más utilizado para “escuchar” música por los jóvenes, por ejemplo el Ai si eu ti pego) o el streaming (que exalta la canción frente el álbum como unidad de consumo, con la consecuente pérdida de valores culturales más “conceptuales” o completos), “deprecian” lo que yo aprecio en el rock. Son canales útiles y positivos, pero como complemento a los tradicionales, nunca como vías exclusivas.

Y en todo este meollo se esfuerzan por sobrevivir las revistas musicales. Considero que contribuyen mucho a lo efímero en al cultura musical a que se refiere el autor de La civilización del espectáculo. Echo en falta artículos de reflexión más sosegada y profunda sobre el papel del rock en la sociedad, en la cultura, etc. Por cierto, en esa dirección quiere ir este blog.

Zas, zas, zas.

And you run, that’s all you’ve ever done

Termino aquí esta reflexión con casi 1000 palabras, el doble de lo comprometido en esta autocensura de lo efímero y del “fast read blog” posmoderno, of course. Dejan de resonar las zapatillas, pero ¡que siga la música!

(PD. Espero que Vargas no piense que este post es “literatura desmañada, sin orden ni sintaxis, hecha de apócopes y jerga, a veces indescifrable, que domina en el mundo de los blogs, twitter…” (pág.205). lo dicho, el Nobel se nos ha hecho un poco carca).

About these ads

Acerca de Israel Pastor

Israel Pastor. Madrid, España
Esta entrada fue publicada en canciones, literatura, pop, rock y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Run – Indigo Girls – comentarios (críticos) a La civilización del espectáculo de Vargas Llosa.

  1. Pingback: Political wish – immaculate fools – resumen de “Canciones políticas” | Mis 31 Canciones

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s